12/09/2011

Siguen los cursos gratuitos de Stanford

Desde que volví de California en el 2008, hay pocas cosas que *realmente* eche de menos. La mayoría, detalles; de esos que te hacen esbozar una sonrisa: los buenos chai lattes del Peet's, la comida india del Janta (menos mal que cada vez que voy por Palo Alto mis amigos de Denodo me regalan una comida o cena allí :) ), los zumos del Jamba Juice, ... pero una cosa que realmente echo de menos es el nivel en los cursos de educación continua de las universidades de por allí. Especialmente Stanford y Berkeley, pero sin olvidar la de San José o el Foothill College. Siempre he esperado que algunos de estos cursos se ofreciesen online para poder apuntarme a muchos que no tuve tiempo de disfrutar.

Ya os conté hace algunos posts que Stanford había sacado una serie de cursos gratuitos, de ámbito técnico: Aprendizaje Automático, Inteligencia Artificial y Bases de Datos Avanzadas. Yo me apunté a la de Aprendizaje Automático, y en ello estoy. Era el tema que más me interesaba (aunque los tres me encantan) y parece, según he visto en algunos comentarios, que acerté. No esperéis el nivel de una clase física en Stanford (claramente el enfoque utilizado es el de no asustar a la gente de primeras), pero para gente como yo, con bagaje técnico pero muy ocupada, el desafío es interesante. Por ejemplo, en la clase de Aprendizaje Automático hay un test cada semana; si no te da tiempo a hacerlo, puedes hacerlo las siguientes semanas, pero con penalización del 20% en la nota. Yo sólo he podido hacer dos exámenes a tiempo :)

Parece que los cursos han sido un éxito, y a comienzos de año empezarán unos cuantos más:

Para los que creemos que la educación y formación es inherente en nuestro paso por la vida, esta es una muy buena noticia. Después de los avances pioneros del MIT courseware, y ahora con TED-Ed, Khan Academy y otros, la educación está a punto de dar un cambio impresionante. Lo iremos narrando.



12/06/2011

La peor fuga de cerebros. La del que se queda pero no se activa

Este post iba a ser un "tweet", pero me quedaba largo :) Se habla mucho de la fuga de cerebros, los que cansados de lo que aquí no se permite, o de lo que aquí nunca existirá, se van a otros lugares, con la seguridad o la esperanza de que en ese otro lugar sí se pueda. Bueno, en esos casos siempre hay problemas de precisión y de recall (esto se lo dedico a Alberto, si me sigue leyendo :) ) pero es muy lícito intentarlo.

Sin embargo, me da la sensación de que la peor fuga de cerebros es la que no se produce. La del talento enorme de gente que sencillamente no alcanza ni un mínimo de su potencial. La de la gente que se queda en sus trabajos grises cuando podrían aportar tanto en tantos sitios. A veces por culpa "del sistema", la mayor parte porque hay vagancia, miedo o un "dejarse llevar"... que ya se sabe a dónde lleva. 

No puedo atizarlos con el látigo. Yo también he tenido algunas de esas temporadas, sé que a veces es necesario parar para coger carrerilla. Pero hay tanto talento por aquí, que da rabia.

Ale.


12/03/2011

Buscando desafíos: presentaciones a toda velocidad

Nota: este post fue publicado originalmente en el Blog de la Escuela de Negocios de Nebrija. Puedes leerlo aquí (parte 1) y aquí (parte 2).


Durante los años de carrera, “salí a la pizarra” sólo una vez, en segundo. Mi cabeza se bloqueó y no respondí a lo que me preguntaban. Mi timidez pudo a mi conocimiento de la asignatura. Años después, imparto clases en esta universidad y doy charlas “allende los mares”, pero nunca he perdido esas mariposas en el estómago. En el último mes y medio he ofrecido un par de charlas “desafiantes” que me han obligado a rehacer mis métodos de preparación de presentaciones. En un caso, tenía tres minutos y medio para explicar un tema tan complejo como “el futuro de los libros”


En el otro, una charla “Ignite”, con formato muy estricto: cinco minutos, veinte transparencias, cada una de las cuáles pasa automáticamente cada quince segundos.
Cuando se lleva mucho tiempo dando clases, se crea estrategias que simplifican la preparación. En mi caso, que utilizo el estilo de presentación introducido por Garr Reynolds en su libro “Presentation Zen”, esas estrategias me permiten encontrar abstracciones visuales fácilmente, y crear un hilo de conversación con los alumnos.
Sin embargo, estas presentaciones me obligaban a cosas a las que no estoy acostumbrado. A continuación quisiera compartir con vosotros lo que aprendí después de haber asumido ese reto:
(1) aprenderme parte del texto de memoria. Cuando existe una restricción temporal tan clara, un error de 10 segundos es demasiado. En la charla “Ignite” las transparencias duraban quince segundos, por lo que, si no de memoria exactamente, sí tenía que tener muy claro lo que quería contar.
(2) estructurar perfectamente la historia. Con tan poco tiempo no se pueden lanzar “ideas” sin más. Es necesario estructurar el tiempo para contar una historia, o qué tres ideas quieres que se queden, o cómo se empieza y acaba la presentación. Esto es un trabajo “sin powerpoint”: papel, boli, procesador de textos, dibujos, … hacer y rehacer hasta que poco a poco la historia surge.
(3) ¡preparar los chistes! Parece una tontería, pero fue uno de mis mayores problemas. En mis clases intento mezclar descripciones más o menos rigurosas con “cuentos del abuelo” e incluso chascarrillos. Pero estos últimos salen solos, no me los preparo. Sin embargo, si quería que estas charlas tuviesen algún componente simpático, tenía que estar preparado. Ahora respeto mucho más a los monologuistas :D
Como conclusión, se confirma una regla no escrita de las presentaciones. El tiempo de preparación es inversamente proporcional al tiempo del que se dispone para presentar. En el caso de la charla TEDx, me tiré más de dos meses de preparación para tres minutos y medio. Pero, personalmente, me mereció mucho la pena.
Por último, si os queréis reir de verdad, echad un vistazo a las presentaciones “battledecks” como éstas a partir del minuto 71. ¡Para esto sí que no hay preparación posible!

11/30/2011

Disfrutando de la literatura con Orsai

Hace muchísimo tiempo que no escribo en este blog. No son malas noticias, sólo que estoy escribiendo en otros sitios, con mayor o menor repercusión. Y, sobre todo, que estoy viajando muchísimo, y, al menos por ahora, la inspiración no me llega en medio de reuniones, presentaciones y demás, como (dicho con envidia sana) veo que ocurre a otros bloggers.

Volveré en breve, cuanto antes. Y qué mejor manera de volver que recomendando una revista. De papel o electrónica, como queráis. No es técnica, en absoluto. Se trata de una revista casi literaria, donde grandes nombres de la literatura hispanoamericana, al igual que dibujantes o fotógrafos se dejan llevar de la mano de Hernán Casciari y de Chiri, su amigo del alma, y, por lo que leo, un cerebro que almacena la historia de latinoamericana desde el corazón. Se llama Orsai, como el fuera de juego en fútbol (la explicación del nombre la tenéis en el vídeo de abajo).

Yo no he leído mucha literatura, mucha novela. He leído muchísimo, pero sobre todo ensayo. Ciencia, filosofía, gestión, tecnología, incluso biografías. Pero poca novela. Nunca me ha atraído demasiado. Pero sí disfruto lo que me cuentan en Orsai. La vuelta al mundo de Albert Casals del número 1, como el articulito sobre Mad Men, o el impresionante documento sobre Mujica, ahora presidente de Uruguay del número 2. Incluso un artículo más insulso, muy "¡Hola!" sobre idilio entre Shakira y Piqué se narra de forma diferente.

Me ha hecho re (no, sin "re") descubrir la literatura bien escrita, sana y sencilla. Seguiré leyendo ensayo principalmente, pero cada tres meses, y espero que por mucho tiempo, compraré la revista Orsai y disfrutaré de una aventura que ojalá se replique.

10/22/2011

Charla de TEDxMadrid en la página de TED. Algo para recordar.

No me considero nada amigo de las celebraciones. Generalmente huyo de ellas (excepto de alguna canasta importante en otros tiempos :) ). Es mi forma de ser: mientras que los problemas y fallos me los llevo muy adentro, con los éxitos no puedo evitar pensar que son algo pasajero y que es mejor mirar hacia adelante. No digo que sea lo mejor, pero es lo que hay.

Me ha pasado lo mismo después de dar una charla en TEDxMadrid, invitado por Antonella Broglia, una crack de la organización. Salí satisfecho, pero enseguida mi cabeza se fue al siguiente "tema" de importancia. Sin embargo, he de reconocer que cuando he visto hoy esta imagen, me he sentido bien.

Ya estoy enfrascado en el siguiente reto, pero me apetece quedarme con este recuerdo en mi bitácora.

Si os apetece ver el vídeo, aquí lo tenéis.



http://tedxtalks.ted.com/video/TEDxMadrid-Justo-Hidalgo-Futuro;search:justo%20hidalgo

9/28/2011

... y los libros sobrevivirán: un paseo por el futuro de libros

(this post has been written in english and spanish. The english post is HERE)

Este artículo ha sido escrito en el contexto de una presentación sobre el futuro del libro impartido en el TEDxMadrid, el 24 de Septiembre de 2011. Tuve menos de 5 minutos para hablar de un tema que llevaría horas y volúmenes de información, discusión y charlita, así que consideré que tenía sentido seguir ampliando este tema en un post.

He de agradecer especialmente a Antonella Broglia, organizadora del evento y absoluta entusiasta de mi idea todo el apoyo y pasión que le ha puesto.

Iré actualizando este post con el vídeo cuando esté editado y publicado en TED.

No dudéis en hacer comentarios y críticas (si pueden ser constructivas mejor :D). Es un tema que me apasiona y creo que puede salir algo interesante de este pequeño esfuerzo.


Para más información sobre quién soy o lo que hago, echa un vistazo a este blog o ve a about.me

Actualización (24/09/2011): al final del artículo tenéis la presentación ampliada de la charla TEDx.


Y ahora...

Introducción
Para aquellos que vivimos la cultura del libro como algo más que un recipiente que contiene información, estos son tiempos emocionantes. La llegada del libro electrónico, al contrario que otras versiones electrónicas de elementos de entretenimiento o cultura, como el "disco musical" o la "película", ha requerido mucho tiempo. Hace tan sólo unos días lamentábamos la pérdida de Michael Hart, fundador del Proyecto Gutenberg, que nació en 1971 para aportar al mundo el acceso sencillo y eficiente de libros electrónicos de dominio público. Mucho ha llovido desde entonces.

Pero con la llegada del dispositivo de Amazon, Kindle, y la adición en éste y otros aparatos de lectura de la capacidad de conectarse a internet, todo se aceleró. Y 2010 marcó el momento crucial con la aparición del iPad, la tableta de Apple. Unido al crecimiento en todo el mundo del número de "smartphones", móviles con capacidades avanzadas de navegación y utilización de aplicaciones, los usuarios comenzaron a darse cuenta de que, de la misma manera que ya accedían a su música (con Spotify o iTunes), a sus documentos personales y de trabajo (con GMail, o Evernote), o a las noticias del día a día (navegando por internet), podrían hacer lo mismo con sus libros.

Curiosamente, si uno se detiene a leer los comentarios tanto a favor como en contra de la llegada de este nuevo tipo de formato de lectura, se da cuenta de que no hay tanta diferencia con respecto a lo que ha ocurrido en otros momentos en los que la aparición de una nueva tecnología como el papiro, el códice, la imprenta o el formato de bolsillo, causaron numerosas discusiones acerca de cómo comprometía ese nuevo elemento "disruptivo" al futuro de la escritura y el libro. No pretendo en este artículo ir al detalle (para ello recomiendo la lectura de libros como "La Galaxia Gutenberg" o "Merchants of Culture"), pero sí es interesante recordar, por ejemplo, al estadista francés Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes, quien, en el siglo XVIII, exclamó que "La imprenta convierte al ciudadano en un ser aislado". Por supuesto, se refería a cómo los periódicos impresos hacían innecesarios aquellos púlpitos donde se presentaban y comentaban las noticias.

Unos siglos antes, justo cuando apareció la imprenta y los tipos móviles en Europa, ya el juez veneciano Filippo di Strata dejaba claro que la imprenta corrompe los textos, pues circulaban en ediciones llenas de fallos de manufactura, creados únicamente para beneficio comercial. Llegó a decir, de manera célebre, que "Est virgo hec penna, meretrix est stampificata", es decir, "La pluma es una virgen, la imprenta es una prostituta". Interesante que estas mismas acusaciones le lleguen al libro electrónico hoy en día.

Y podemos irnos incluso más atrás, cuando una de las mentes más preclaras de nuestra historia dijo que "[…] Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es, pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio." Sí, fue Sócrates... o mejor dicho, fue Platón quien en su obra Fedro, puso estas palabras en boca de insigne genio.

En definitiva, en cada etapa en la que ha habido algún tipo de revolución humanística, cultural o social, ha habido miedos sobre lo que le depararía al libro, o a sus lectores.

Pero el libro siempre ha sobrevivido, pues es la representación veraz y fehaciente de nuestras historias, nuestras experiencias y conocimientos. Podemos cambiar los formatos, las definiciones, pero nunca la esencia de lo que es un libro. Como dice aquél, si el libro no existiese, habría que inventarlo.

Entonces, ¿en qué momento nos encontramos? De la misma manera que la televisión comenzó siendo una radio con cabezas parlantes, hemos pasado por una época en la que un libro electrónico no dejaba de ser una representación muy exacta de lo que entendemos por libro físico: texto, imágenes, páginas, etc. Ya de por sí esto proporciona características muy interesantes, como el poder transportar cientos, miles de libros en el espacio de una libretita. Pero cuando se observa de manera clara cómo el otrora hermano pobre del libro, la página web, ha crecido de manera increíble proporcionando a los lectores relaciones entre textos, análisis contextuales, o modelos de negocio anteriormente inexistentes a partir del interés que un escrito o una pieza de contenido provoca en la gran masa de usuarios que pueblan la aldea global, no hay duda de que el libro electrónico se encuentra todavía en pañales.

Y, entre otras muchas cosas que nos sorprenderán en meses o años, una está clara. Que el libro está terminando su etapa en la tierra y se va a las nubes. No para desaparecer, sino para todo lo contrario. Para que se vea más fácilmente y desde cualquier sitio. Para que todo libro existente esté a nuestro alcance como nunca antes era posible. Es un concepto que yo llevo llamando "Libro como Servicio" desde hace un tiempo.

Pero el potencial deja este nombre como algo pequeño y limitado.

¿Qué es lo que nos espera? Pues esa es la gran pregunta que llena libros, blogs, conferencias y reuniones de café. Y no pretendo erigirme aquí en experto absoluto, pero sí creo que hay tres elementos fundamentales, que ya se encuentran entre nosotros, y que se construyen a partir del concepto de Libro como Servicio. Estos elementos son la Conversación, el Descubrimiento, y la Apertura. Veamos cada uno de ellos.


La Conversación
Siempre ha existido conversación alrededor del libro. De hecho, la conversación existe desde mucho antes de que el libro, el códice o la escritura misma existiesen. Es muy interesante cómo McLuhan abre la mente del lector en su libro la Galaxia de Gutenberg al considerar los cambios culturales que nos trajo la escritura.

Pero evidentemente, cuando una persona lee un libro, suele comentarlo con sus amigos, colegas, familia. Puede estar en un club del libro, o puede ayudarle a su proceso de ligue (quizá en un entorno muy intelectual, eso sí :) ).

La limitación existente, y que sólo hace poco tiempo hemos visto como tal, es que esta conversación se realiza fuera del libro. Sólo las notas al margen nos permitían una relación más intima entre el contenido del libro, nuestros pensamientos y los de otros lectores. Sonará un poco pedante, pero estoy seguro de que más de un lector comparte la fascinación que he sentido las ocasiones que, al coger un libro de una biblioteca, me encuentro con comentarios de otros lectores del pasado. Y cómo esas notas, en algún caso, me resultaron más interesantes que el propio libro. Un ejemplo temprano de experimentación en este aspecto es el que puede verse en un libro eminentemente técnico: Concrete Mathematics, de Graham, Knuth y Patashnik, y editado por Addison Wesley, donde los comentarios durante la revisión del libro por parte de sus estudiantes en Stanford fueron publicados como parte del propio libro. Yo me enamoré de esta obra cuando empecé mi carrera de Ingeniería Informática, aparte de por el tema y claridad con que se explicaban los autores, por lo interesante que resultaban esas notas. Algunas profundas, otras chistosas, otras olvidables, pero todas aportando un color al libro que no podría existir de otra manera. Me imaginaba a los profesores explicando el tema en cuestión, y yo en clase rodeado por esos "compañeros virtuales". Hay notas al margen históricas, como las de Sir Isaac Newton, Voltaire o las notas del Códice Emilianense, que se consideran las primeras frases escritas en castellano que son además muy bellas. En resumen, desde hace siglos las notas al margen de escritores e investigadores como Laplace o James Joyce se consideran parte imprescindible del contexto del libro. Pero también son, y afrontémoslo en un mundo como el que nos encontramos, estáticas, limitadas y escasas.


Lo que el libro en la nube nos permite es que la conversación ocurra dentro del libro. Paremos un segundo, y repito: DENTRO DEL LIBRO. Esto tiene, en mi opinión, mucha más importancia de lo que parece en principio. Porque si yo puedo dejar mis comentarios en el propio libro, y otros pueden hacerlo también, entonces tengo una conversación con mayúsculas (no lo que se lleva diciendo durante años que es posible con las nuevas tecnologías, sino conversación con propósito). Podemos imaginar tener sesudas conversaciones sobre la influencia de Ayn Rand en la política económica norteamericana, pero también podemos discutir los errores de guión de Chris Claremont en su Patrulla X, sobre pautas de pronunciación del élfico en El Señor de los Anillos, o aclarar dudas sobre el ejercicio 4 del apartado 3 del libro de Física. Y todo dentro del libro, por lo que el hilo de comentarios se encuentra contextualizado, y por tanto se entiende mejor.

Las plataformas de lectura actuales están trabajando en ello, y ya hay experimentos, como el de Commentpress que muestra parte del futuro.

Y no nos quedemos ahí. ¿Por qué sólo conversar con otros lectores? ¿Por qué no con el propio autor? Si la duda o comentario que tengo sobre una parte concreta de la obra que estoy leyendo no tiene sentido que lo escuche más que el propio autor, ¿por qué no voy a poder enviárselo? Bueno, si está vivo, claro, no estoy planteando ningún tipo de "Espiritismo 2.0" :) Este es un planteamiento crucial porque devuelve al autor al sitio de donde procede. A su rol como juglar que expone sus propias obras al gran público, pero cuyos comentarios directos son escuchados y aprehendidos por el autor para evolucionar su obra.

Hay algunas voces que sugieren que el concepto de libro como voz sólida y estática de la cultura, ha sido sólo un pequeño desvío evolutivo. Que procedemos de las conversaciones vivas, dinámicas y cambiantes, y ahora volvemos a ellas. No sé si eso es cierto o no, pero claramente nos movemos hay un concepto de libro que no admite la rigidez extrema que hemos tenido hasta ahora. El excelente artículo de Craig Mod ya comenta la Wikipedia como ejemplo bien organizado de información dinámica. ¿No puede hacerse igual con los libros? Ya hay algunos experimentos, como el de "Every Book is a Startup" de O'Reilly, y seguro que habrá muchos más en el futuro. Los libros se "encadenaban" a las tapas de piel o cartón y por eso eran estáticos. Pero ya no es necesario.




El Descubrimiento ¿Qué hacemos cuando nos acercamos a una librería? Depende de lo que estemos buscando.

Quizá iremos a la zona de novedades, pues hemos visto un anuncio en prensa del último trabajo de nuestro autor preferido. O hemos leído un artículo sobre esa obra y nos ha convencido.

Quizá vayamos a la zona de ficción a buscarlo, pues aunque sabemos lo que queremos, no estaba en novedades. A las malas, preguntamos a la persona que está en la tienda.

Puede que no vayamos con un libro fijo. Quizá nos apetece ver qué más ha escrito tal autor, o tenemos ganas de leer historia, o ciencia-ficción y nos acercamos a esa zona para curiosear.

A lo mejor ni siquiera vamos con una idea. Queremos encontrar un libro al azar. O que el librero nos aconseje uno.

Eso mismo ocurre en la actualidad cuando accedemos a las librerías electrónicas. A veces hacemos "copy-paste" del nombre del libro que nos envió un amigo, o vamos al enlace exacto donde se encuentra la descripción, cubierta y precio. Otras veces nos vamos a la categoría deseada, y otras nos dejamos recomendar. La diferencia entre una librería física y una electrónica es que, por muy grande que sea la primera, la segunda siempre será órdenes de magnitud más grande. Y que no tenemos un librero que nos aconseje. El descubrimiento de obras en un catálogo de millones de obras se convierte en uno de los elementos cruciales para el éxito de estos libros que se van a las nubes. Las grandes librerías electrónicas lo saben desde hace tiempo, y por ello sus herramientas de búsqueda y de recomendación basada en compras son tan buenas. Estas herramientas habrán de seguir mejorando, pero en este artículo quería centrarme en otro tipo de descubrimientos. En aquellos que no dependen de lo que uno quiere, sino de lo que uno no se espera. Sí, las herramientas de recomendación basadas en compra proporcionan eso, pero al final se basa en lo que la gente compra por lo que siempre se nos quedarán libros por descubrir. El futuro del libro, pasa, en mi opinión, por que existan herramientas que ejerzan un papel parecido al de Bookcrossing, al de nuestros amigos y al de los críticos literarios.

Bookcrossing es un movimiento que merece la pena conocerse. A través de él podemos "liberar" aquellos libros de nuestra biblioteca personal que sabemos que no vamos a leer más (vamos, la mayoría, seamos sinceros), para que otra gente los disfrute cuando los encuentre por la calle. A veces se realizan "eventos" de liberación en ciudades, pero el alma del proyecto es que los libros se liberen y se encuentren durante todo el año. Si además lo etiquetamos y subimos a la web de Bookcrossing, entonces podríamos, en teoría, seguir la vida del libro según pasa de lector a lector. Desde el punto de vista de éste último, es pura serendipia la que le lleva a encontrar un libro de interés. Pasa por una calle, por una plaza y allí, en la base de una estatua, apoyado en un banco, está ese libro que dice que no es de nadie, y que está esperando tener una nueva oportunidad.

Como decía, Bookcrossing es serendipia... pero también es serendipia ir a Twitter y buscar todos aquellos mensajes con el "hashtag" "#recomiendolibro", o "#bookrecommendation". O utilizar la aplicación de libros recomendados por nuestra red social en LinkedIn. De repente, aparecen cientos de mensajes con libros recomendados. Muchos no nos interesarán, pero alguno captará nuestra atención... y volvemos a tener ese momento.

¿Y los amigos? Los amigos nos conocen, y sabemos que son nuestros prescriptores más cercanos. ¿Qué es lo que se regala en cumpleaños y navidades además de la consabida corbata o el perfume? Discos, vídeos y libros. Por mucho que los formatos físicos desaparezcan, los amigos seguirán, si no regalándonos, sí recomendándonos lo que creen que nos gustará (a veces porque saben lo que nos atrae, otras porque quieren que avancemos en nuestros gustos, y otras porque sencillamente intentarán que nuestro gusto se acerque al suyo... pero bueno, son nuestros amigos y los queremos :) )

¿Y los críticos literarios? Aunque para algunos el mero hecho de mencionar "crítico literario" implica un bostezo, lo cierto es que para otra mucha gente se convierten en importantes garantes de la calidad literaria. No sólo de best-sellers puede vivir el lector, y los especialistas nos ayudan a discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo sublime y lo horrible, entre lo original y la mera copia.

Los libros en la nube requerirán un mayor esfuerzo por parte de esos críticos. Y herramientas que ayuden o complementen su trabajo. Herramientas que sean capaces de "investigar" el contexto implícito provisto por el libro para permitir su comprensión más allá de lo que un lector, por sí solo, podría. No me refiero sólo a que le traduzca al español la frase en latín que un autor que se las da de listo pone en mitad de la resolución de la obra, ni a que un lector pueda señalar una palabra para buscar su significado en el diccionario o en la Wikipedia.

Va mucho más allá. Se trata de, por ejemplo, el esfuerzo titánico del Book Genome Project para ser capaz de definir una serie enorme de parámetros que dan sentido a un libro, es decir, su ADN, y así poder, entre otras cosas, ser capaces de encontrar libros similares. Similares en cuanto a calidad, estilo, nivel de tensión, etc.



Se trata de, por poner algunos ejemplos más, clasificar e indexar automáticamente los libros basándose en su contenido (algo crucial con tantos millones de libros, y muchos más generándose cada año); de extraer conceptos relevantes de un texto literario (como eventos históricos, para discernir entre lo que es real y contrastado y lo que es pura fantasía del autor); o de ser capaz de inferir y registrar los diferentes niveles emocionales de una obra. Estos ejemplos no dejan, por ahora, de ser esfuerzos de investigación sin ninguna aplicación funcional en la actualidad. Pero sabemos que la investigación de hoy serán las herramientas del mañana. Y sin ser un miembro de la Universidad de la Singularidad, ese mañana cada vez tarda menos en aparecer delante de nuestras narices.


La Apertura La apertura es otro elemento clave, y además bajo una profunda discusión. Todo parte de una inicialmente no demasiado profunda reflexión, o eso parecía. Si un libro pasa a convertirse en una serie de bits y bytes, ¿qué impide que esos bits y bytes se unan a otros bits y bytes que pertenecen a otros textos, pero también a imágenes, vídeo y audio? Pero con esta inocente pregunta llega otra mucho más abstracta y, sin embargo, y al mismo tiempo, visceral: ¿qué es un libro y qué pasará con él si todo esto ocurre?

Y una de las respuestas que más miedo da por lo contundente, es la siguiente: un libro ha sido, es, y será, un contenedor de aplicaciones.

En el pasado, una "aplicación" podría ser una receta, y un recetario era un "contenedor de aplicaciones receta". Por supuesto, una aplicación no era un conjunto de bits y bytes, sino palabras e imágenes impresas. Pero da igual, el objetivo es el mismo. ¿Qué es una guía de viajes? ¿Alguien duda de que el futuro de estas guías serán el convertirse en aplicaciones que no sólo me "cuenten" lo bonita que es la capilla sixtina, sino que me la enseñen, la pueda oir, oler si me dejan y que, una vez allí, me GUÍE por los sitios que a mí (a mí, no al vecino; a mí, con mis gustos y mis cansancios acumulados) más me interesan? O qué decir de los libros de texto (con aplicaciones de enseñanza y aplicaciones de evaluación).

La duda surge cuando nos apartamos de este concepto de libro técnico, y regresamos al terreno de la novela, de la poesía. Hace poco la editorial Faber publicó una nueva edición del poema "La Tierra Baldía", de T.S. Eliot. Sólo que esta vez no fue "un libro" sino, "una app", es decir, una aplicación para el Apple iPad. La aplicación es uno de los primeros experimentos realizados por innovadores del sector que conjugan un entorno editorial profesional con un equipo de desarrollo de software para generar primeras versiones de lo que algunos consideran que es el futuro. En esta aplicación, el lector/usuario puede leer el poema, pero también puede escucharlo de la voz del autor, o de otros famosos personajes. Y también puede ver una escenificación del poema por parte de Fiona Shaw. ¿Qué es esto? 









Hay por otra parte una serie de cuentos para niños (como los de Contoplanet o Pixel Moon, estos más centrados en historias para pre-adolescentes como Urki) que buscan una manera más interactiva de narrar las historias clásicas, o nuevas aventuras. El niño puede grabar su propia voz narrando el cuento, puede hacer que los personajes se muevan, de manera parecida pero perfeccionada a como los libros troquelados lo permiten. En este caso, y mayoritariamente, las empresas editoriales no están detrás, sino que se trata de profesionales del desarrollo y/o profesionales del mundo editorial que, de manera independiente a las grandes editoriales, crean una nueva manera de experimentar tanto cuentos tradicionales como nuevas historias. ¿Qué es esto?

















Sinceramente, no tengo respuesta. No sé si es un libro, si es el futuro del libro, o si es un paso intermedio que no llegará lejos, tal y como pasó con aquellos CDs Multimedia que casi nos ahogan a todos los usuarios de informática de principios de los 90 (aunque no considero esta posibilidad como un fracaso absoluto, sino como un necesario peaje en algunos casos; el trabajo y calidad de algunos de los cuentos e historias que se han desarrollado es sencillamente fascinante. Lo que sí creo es que las editoriales no lo plantearán como una vía crítica, debido sencillamente al coste de desarrollo de estos libros-apps comparado con el de la edición y publicación de un libro "tradicional").

Pero es que tampoco me importa. Busco un libro para que me entretenga, me haga pensar, o me informe. Por supuesto que un libro no es un documental en vídeo, pero mientras tenga elementos escritos que me permitan disfrutar a mi ritmo de esa información, de esa historia, yo estaré feliz.


Y no hay duda de que esa "hibridación" que algunos llaman "transmedia" será un paso obligado de experimentación en los próximos años, tal y como predice la aparición de nuevos estándares de generación de libros electrónicos que se acercan a las tecnologías de desarrollo web (como ocurre con el EPUB3 del organismo de estandarización IDPF que abraza los estándares de desarrollo web 2.0 HTML5 y CSS3 del consorcio W3C).


Walrus Epub Demo#3 - Kadath from Walrus Books on Vimeo.

Como Julius Wiedemann adecuadamente define, el futuro cercano del libro es un mundo en el que la información es digital y la belleza de papel. Pero eso también cambiará, y poco a poco nuestra experiencia de lectura digital será tan cercana y bella como lo que tenemos ahora... y entonces ya no habrá lectura digital, sólo lectura. Y es un camino que, no debemos olvidar, ha empezado ya. Los niños de 2, 3, 4 años utilizan las tabletas con una seguridad que ya quisiéramos los mayores. No les enseñemos ratones o monitores "no táctiles", pues no tendrán sentido para ellos. Un cuento para dormir puede tener una tapa de cartón, o estar dentro de "la tableta de papá". Lo que les importa, una vez más, es que les entretenga.




Desafíos

Los tres apartados anteriores han dirigido la mirada hacia un futuro probable del libro desde una perspectiva más optimista que otra cosa. Para avanzar, hay que planteárselo así. Pero es cierto que el mundo del libro encontrará más de un desafío al dar estos u otros pasos.

En primer lugar, no he querido mencionar hasta ahora que, como todo en la vida, el mundo del libro pertenece a una industria, que ha funcionado durante muchos años de una manera muy concreta, y con una especialización y optimización de tareas muy adecuada. Pero estos cambios tecnológicos están provocado temblores en la industria. Los líos que eso genera son, cuando menos, interesantes de seguir, pero auguran tiempos tensos y decisiones traumáticas. Gente como Tom Peters diría que es lo normal y que es sano que ocurra. Obviamente, para las personas que están dentro, ese planteamiento no es el que más atrae.



Volviendo al mundo de los libros en particular, he estado escribiendo desde el principio que los libros se van a la nube. Pero si se van a la nube, ¿qué pasa si llueve? Es decir, ¿hasta qué punto dependemos de los que nos proveen los libros? Es una pregunta que tiene todo el sentido del mundo, sobre todo cuando leemos de vez en cuando noticias de servidores de internet caídos durante horas o días por culpa de errores humanos, de incendios o de fallos eléctricos. Desde un punto de vista técnico la respuesta es parecida a la que se da a los que tienen miedo a volar y prefieren ir en coche: volar es unidades de magnitud más seguro que coger un coche. En este caso, los libros en la nube están mucho más seguros allí que en un disco duro de 2 Gigas en el salón de una casa. Por desgracia, las estadísticas y datos fríos no convencen al que tiene miedo a volar, y tampoco lo hacen al que duda si desprenderse de su maravillosa biblioteca a cambio de tener un dispositivo y de que sus libros estén "en la nube". Para ello, las empresas tendrán que trabajar duramente para crear y demostrar esa sensación de tranquilidad.


Otro punto que seguro que el lector de este artículo ya tiene en la cabeza es el ruido en las conversaciones. Sí, el que todo el mundo pueda escribir comentarios en un libro es teóricamente interesante, pero todos sabemos en qué se convierte el 99% de los foros de internet. Desde la competición por ser el primero en escribir algo (el famoso "pole") hasta los trolls, esos individuos que agazapados bajo el anonimato o ante el poder de los 140 caracteres de twitter, corrompen el objetivo inicial de la conversación hasta llevarla a terrenos que no merece la pena pisar; el miedo existe de que esas irrelevantes notas al margen impidan llegar a lo importante: comentarios que nutran el debate y enriquezcan el texto original.

Y por supuesto, también he escrito bastante sobre los diferentes motores de recomendación existentes y por existir. Todos somos conscientes de que a veces los amigos se equivocan en sus recomendaciones. Por tanto, el desafío de estas herramientas y sus complejos y fríos algoritmos es que esos errores no se multipliquen, promoviendo obras que no sólo no nos interesen, sino que vayan totalmente en contra de nuestros gustos. Es algo que sufrimos cada día los usuarios de los servicios que proveen recomendaciones automáticas, y es otro desafío importante.

Temas organizativos, de infraestructura, sociales y técnicos. Son muchos desafíos y muy complicados. Y sin embargo, ¿no son desafíos preciosos? Mucha gente así lo opina, y están dedicando parte de su vida a intentar resolverlos. Gente como yo. Considero que los libros han definido el mapa de mi vida a través de los años. Desde los primeros cuentos que me leían mis padres, los que leía por mi cuenta, el 1984 de George Orwell y el cómic Dios Ama, El Hombre Mata que definieron mi pre-adolescencia. Matar un ruiseñor de Harper Lee o La Inmortalidad de Kundera en los años mozos; el desafío de Gödel Escher Bach o la sorpresa de El Miedo a la Libertad de Fromm. O mis intereses en la madurez disfrutando con Antonio Damasio, Ramachandran, Marshall McLuhan o con la excelente biografía de Oppenheimer.

Lo único que ocurre es que ahora, cuando leo la American Gods de Neil Gaiman o 1Q84 de Murakami en mi Kindle, los libros, en lugar de ser mi mapa, son mi GPS.




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9/24/2011

... and the books will survive: a short walk to the future of books

(este artículo se ha escrito en inglés y español. El artículo en español puede encontrarse AQUÍ)
(Update: the slide deck is ready. Find it below!)

Introduction
For those of us that live the culture of books as something more than a container of information, these are amazing times. The arrival of the electronic book, as opposed to other electronic versions of cultural and entertainment elements as the musical record or the movie, has required a lot of time. Just a few days ago we were lamenting the loss of Michael Hart, founder of the Project Gutenberg, born in 1971 to offer the world a simple and efficient access to public domain electronic books. It's rained quite a lot since then.

But with the arrival of the Amazon Kindle e-reading device, and the addition in this and other reading devices of internet connectivity, everything just sped up. And 2010 was the key moment when the Apple iPad was introduced to the market. This, plus the growth of the number of smartphones worldwide, users started to realize that just the same way they were able to access their music (with Spotify or iTunes), their work and personal documents (with GMail or Evernote), or their daily news (via internet browsing), they could also do the same with their books.

Curiously enough, if one stops to read the comments pro and against these new types of reading devices, it can be seen that there is not so much different with respect to what has happened in other moments in time where the breakthrough of a new technology such as the roll, the codex, printing or the paperback format, caused numerous discussions about how this new disruptive element compromised the future of writing or of the book. I don't pretend to go into much detail here (for those interested I fully recommend the reading of books such as The Gutenberg Galaxy or Merchants of Culture), but it is important to recall, for example, how the french statement, Guillaume-Chrétien de Lamoignon de Malesherbes publicly said in the XVIIIth century that "printing transforms the citizen into an isolated human being." Of course, he was referring to how printed newspapers made pulpits, where news pieces were presented and commented, unnecessary.

A few centuries earler, just when the printing press and movable types made its appearance in Europe, the venetian judge Filippo di Strata already made clear than printing corrupted texts, as they were circulated as editions full of manufacturing errors, and were created only for commercial benefit. He even famously said that "Est virgo hec penna, meretrix est stampificata", that is, "The pen is a virgin, the printing press is a prostitute." Interesting enough that these same accusations reach the electronic book nowadays.

And we can go even further in time, when one of the eminent minds in history said that "[...] for this discovery of yours will create forgetfulness in the learners' souls, because they will not use their memories; they will trust to the external written characters and not remember of themselves. The specific which you have discovered is an aid not to memory, but to reminiscence, and you give your disciples not truth, but only the semblance of truth." Yes, it was Socrates, or, better said, Plato who, in his work Phaedrus, put these words into the mouth of this genius.

In each epoch where there has been some type of humanistic, cultural or social revolution, there has also been fears about what would happen to the the book and/or its readers.

But the book has always survived, as it is the true and reliable representation of our stories, our experiences and knowledge. We can change the formats, the definitions, but never the essence of what a book is. As it is typicaly said, if the book didn't exist, we would have to invent it.

But then, what moment are we currently in? Just as television started being a radio with talking heads, we've been through a moment where an electronic book was basically a very exact representation of what we currently understand as a physical book: text, images, pages, etc. By itself this already provides very interesting characteristics, just as the ability to carry hundreds, thousands of books with the size of a notepad. But when the previously known as the poor brother of the book, namely the web page, is observed, one can see how the web has incredibly grown, providing readers features such as relationships among texts, contextual analysis, or previously inexistent business models based on the interest a writing or a piece of content causes in the big user mass that live in the global village. There is no doubt that the electronic book is still in its infancy.

And, among the many things that will surprise us in months or years, one is clear: the book is finishing its time on earth, and goes to the clouds. Not to disappear, but all the opposite. So it can be seen more easily, and from anywhere. So that every existing book can be reached as never before. It's a concept I call "Book as a Service".



But the potential this concept is much bigger than this limited and small name.

What's going to happen? That's the big question that fills books, blogs, conferences and coffee meetings. And I don't pretend to appear as an absolute expert here, but I truly believe there are three key elements, already among us, and that are built on top of the concept of "Book as a Service". These elements are the Conversation, the Discovery and the Openness.

Conversation
Conversation around books has always existed. In fact, conversations exist way before the book, the codex or even writing itself existed. It is very interesting how McLuhan opens the mind of the read in his book The Gutenberg Galaxy when considering how writing brought with it lots of cultural changes.

But it must be evident that when a person reads a book, she comments about it with her friends, colleagues and familiy. She might belong to a book club, or talking about the book can help in her "ligue" process (well, maybe in a pretty intellectual environment :) )

The existing limitation, though we just saw it as such a little while ago, is that this conversation is realized outside of the book. Only marginalia allowed us to have a more intimate relationship between the content of the book, our thoughts and the ones of other readers. It might sound a little preppy, but I am sure more than a reader shares with me the fascination I have felt the times that, after picking up a book from a library, I find comments inside from readers of the past. And how those notes, in some cases, were even more interesting than the book itself. An early example of experimentation in that aspect is the one that can be seen in a pretty technical book: Concrete Mathematics, by Graham, Knuth and Patashnik, published by Addison-Wesley, when the comments made by their Stanford students during the review process were published as part of the book. I fell in love with that work when I started my studies in Computer Science because, in addition to the subject and the clarity how the authors explained it, the notes were extremely interesting. Some were quite profound, other were quite funny, others were avoidable, but all of them provided a certain "colour" to the book that would not exist otherwise. I could imagine myself attending the authors' course, and surrounded by those "virtual classmates". There is historical marginalia such as Sir Isaac Newton's, Voltaire's or the notes from the Codex of Emilianus, that is considered as the first sentences written in Spanish; and this marginalia is also a beautiful piece of art. In summary, marginalia from writers and researches such as Laplace or James Joyce are considered as a critical component of the context of books. But they also are, and we need to face it in a world like the one we live in, static, limited and scarce.


What books in the cloud allow is for the conversation to happen inside of the book. Let's stop for a second, and let me repeat: INSIDE OF THE BOOK. This is, in my humble opinion, much more important than what it initially seems. Because if I can leave my comments in the book itself, and others can also do it, then I have a conversation in capital letters (and not what it has been said for years that is possible with the new technologies, but: purposeful conversations.) We can imagine having deep conversations about the influence of Ayn Rand in the north american economic politics, but we can also discuss the scripting errors of Chris Claremont in his X-Men series, about pronounciation trends in elven, in The Lord of the Rings, or solve some questions about exercise 4 or section 3 of the Physics textbook. And all of this, again, inside of the book, so the comment thread is contextualized and therefore, much better understood.


Current e-reading platforms are already working on it, and there are some experiments, such as Comment Press, that shows part of the future.

And we don't have to stop there. Why just talking to other readers? Why not with the author? If the doubt or the question I have about a specific passage of the work I am reading needs to be listened by the author herself, why shouldn't I send it to her? Of course, is she's alive, I'm not proposing any kind of Spiritism 2.0 :) This is a critical approach because it takes the author back to where she started; her role as a bard where she exposes her own works to the audience, but whose comments are listened and taken by the author for her work to evolve.

There are some voices that suggest that the concept of the book as a solid and static voice of the culture has only been a small evolutionary detour. That we come from the live, dynamic and changing conversations, and now we come back to them. I do not know whether that is true or not, but we are clearly moving towards the concept of a book that does not admit the extreme rigidity that had before now. The excellent article by Craig Mod already talks about the wikipedia as a well organized example of dynamic and yet encyclopedic information. Can't it be the same with books? There are already some experiments such as "Every Book is a Startup" from O'Reilly and for sure that there will be many more in the future. The books were "chained" to the covers in leather or paperboard, and that's why there were static. It is not necessary any more.





Discovery
What do we do when we enter a book store? It depends of what we are looking for, right?

Maybe we will check the New Releases section, as we have sen an ad about the last work of our favorite author. Or because we have read an article about that work and we were convinced.

Maybe we will go to the fiction area to look for it because, even though we know what we want, it is not in the New Release area. At worst, we can always ask to the person in charge.

Maybe we do not have a fixed book in mind. We might as well want to check what a specific author has written, or we just want to read a book about history, or science-fiction, and we just wander around those areas.

Or maybe we have no idea of what we want. We might just want to find a book at random, or let the bookseller recommend us one.

This also happens when users access electronic bookstores. Sometimes they will "copy-paste" the name of the book sent by a friend, or will go to the exact link where the description, cover and price appears. Other times they will browse the category trees, and some other times they will just be recommended by the system. The different between a physical library and an electronic one is that, regardless of how big the physical place is, the electronic one will always be orders of magnitude bigger. Oh, and there is no bookseller to help us. In order for books on the cloud to succeed, book discovery in a catalog with millions of works is one of the crucial elements. Big electronic book stores know that since many years ago, and that is why their discovery and purchase-based recommendation tools are so good. These tools will still need to improve over time, but I wanted to focus on other type of discovery; in those that do not depend upon what one wants, but what it is not expected. Yes, purchase-based recommendation tools provide part of it, but at the end it is based on what people purchase (basically a vicious circle) so there will always be books to discover. The future of the book requires, in my opinion, new tools that exert a role similar to that of Bookcrossing, to what our friends do, and what literary critics do.

Bookcrossing is a movement worth knowing. People can "free" those books out of their personal libraries that were not going to be read any more (most of them if we are sincere), so other people can enjoy them as they find them on the street. If we also tag them and upload some basic metadata to the Bookcrossing website, we can, in theory, follow the life of our book as it passes from one reader to another. From any user's standpoint, finding an interesting book is pure serendipity. Walk by a street, a square, and there, at the base of a statue, lying on top of a bench, there is a book that says it currently belongs to nobody, and is waiting for a new opportunity.

So, Bookcrossing is serendipity... but serendipity is also going to Twitter and take a look at all messages with the "hashtag" "#bookrecommendation". Or using the LinkedIn social recommendation app. Suddenly, we get tens, hundreds of messages with recommended books. Of course, many of them will not be of interest to us, but maybe one or two will catch our attention... and we will have that serendipity moment again.

And friends? Friends do know us, and we know they are our closer champions. What do you get for your birthday and christmas in addition to the almighty tie or parfume? Records, movies and books. As much as the physical formats might disappear in the future, friends will continue, if not giving us presents, recommending us what they believe we will like (sometimes because they know what we are attracted to, sometimes because they want us to advance in our tastes, and others because they simply want our likes to be closer to them... but they are our friends and we love them :) )

And the literary critics? For many people just mentioning "literary critical" unchains a yawn; but for many other people they are the true keepers of literary quality. There are more than best-sellers for many readers, and specialists help us discern between good and bad, sublime and horrible, original and simple copycat.

Books in the cloud will require a greater effort by those critics. And tools that help them or at least complement their work. Tools that are able to "research" the implicit context provided by the book in order to better understand it beyond what a reader, by herself, could ever achieve. I don't just mean translating a latin sentence to spanish because an author thought he was being pretty smart for putting it right in the key moment of the work. And it also doesn't just mean than a reader can highlight a word to look it up in an online dictionary or in the wikipedia. Good, but not enough.

It goes way beyond this. It is more related to the titanic effort done by the Book Genome Project, that is trying to define an enormous series of parameters that provide meaning to a book, that is, its DNA. This way, we could, for example, find similar books. Similars with respect to quality, style, tension level, and so on.





Just to add a few more examples, there are efforts related to classifying and indexing books in an automatic way based on its content (which is a crucial task when we have millions of books, and many more being written, built and published every year); extracting relevant concepts out of a literary text (such as historical events, which can be used to discern between real events and fantasized ones); or being able to infer and record the different emotional levels in a work. These are, by now research efforts with no current functional application. But we all know how today's research will be tomorrow's toolset. And without being a member of the Singularity University, this "tomorrow" takes less and less time to appear in front of our noses.



Openness

Openness is another key element and, besides, is undergoing deep discussions. The main concern starts from a seemingly not quite deep reflection, or so it seemed. If a book is transformed, when becoming digital, into a series of bits and bytes, is there any impediment for those elements to merge with other bits and bytes that belong to other texts, but also to images, video and audio? But with this innocent question comes another more abstract one, and however, and at the same time, visceral: what's a book and what will happen with it if all this happens?

And one of the answers that concerns the most because of its consequences is the following: a book has been, is, and will be, an application container.

In the past, an "application" could be a recipe, and a cookbook was a "container of recipe applications". Of course, an application in the past was not a set of bits and bytes, but printed words and images. But it doesn't matter, as the final goal is the same. What's a travel guide? Is there any doubt that the future of these guides will be that of being transformed into applications that not only "tell me" how beautiful the Sistine Chapel is, but that shows it to me, allows me to hear its noise and voices, even smell it! and, once there to actually GUIDE me around the places that I (I, not my neighbour; I, with my likes and dislikes and accumulated tiredness) am most interested about? Or what could we say about textbooks (with teaching and evaluation apps inside)?


The question comes when we fly from the concept of technical book, and come back to the fiction terrain: the novel, the poem. A little while ago Faber published a new edition of the poem "The Waste Land", by T.S. Eliot, their landmark author. But this time it was not a "book" that was published, but an "app", that is, an application to be run on the Apple iPad. In this application, the reader/user can read a poem, but can also listen to the voice of the author and other famous people. And she can also watch a scenification of the poem by Fiona Shaw. What is this?

There is also a series of tales for kids (like the ones created by Contoplanet or Pixel Moon, this last one more focused on pre-teens stories like Urki), that are looking for a more interactive way of telling classic or new stories and adventures. The kid can record her own voice while narrating the tale, or can make the characters move, in a similar though perfected way as the punched books allow. What is this?



Sincerely, I have no answer. I don't know if it is a book, or if it is the future of the book, or if it is an intermediate step that will not get very far, as it happened with those multimedia CDs at the beginning of the 90s (though I don't consider this possibility as a total failure, but as a necessary toll in some cases: the effort and quality behind some of the tales and stories that have already been developed is simply fascinating. What I do believe is that main publishers will not have it as a critical path, simply because of the high development costs of these book-apps compared to the edition and publishing of a "traditional" book.)

But it's just that I don't care. I want a book that entertains me, that makes me think, or that informs me. Of course that a book is not a video documentary, but as long as it has clear written elements that allow me to enjoy information at my own rythm, I will be happy.


And there is no doubt that this "hybridation" that some call "transmedia" will be a mandatory step around experimentation in the following years, just as the appearance of new ebook generation standards predict. This standards intertwine ebooks with the web development technologies (just as it happens with EPUB3, from the IDPF standardization body, embracing the W3C HTML5 and CSS web 2.0 development standards.)


Walrus Epub Demo#3 - Kadath from Walrus Books on Vimeo.

As Julius Wiedemann properly defines, the near future of the book is a world where information is digital and beauty is of paper. But this will also end, and, little by little, our digital reading experience will be as close and beautiful as what we have now... and then we will have digital reading no longer... it will be just reading. And this is a path that, we should not forget, has already started. 2, 3, 4-year old kids use tablets with a quickness and security that we old people would only wish to have. A bedtime story may have a paperboard cover, or be inside of "mom's tablet". What it matters, once again, is that the story is entertaining enough.

Challenges
The three previous sections have looked at a probable future of the book from an optimist point of view. To keep on advancing, we need to approach it that way. But it is true that the world of boooks will find more than once challenge when giving steps forward.

First of all, I still had not mentioned that, as everything in life, the world of books belongs to an industry that has worked for many years in a very specific way, with a clear and appropriate specialization and optimization of tasks. But these technological and cultural changes are shaking the industry. The "mess" that this is causing is, at the least, interesting to follow, but tense times and traumatic decisions await. People like Tom Peters would say this is perfectly normal and even healthy. Obviously, for the people inside, this approach is not the most attractive one.

Going back to the world of books, all this time I have been writing that books go to the clouds. But if they go to the clouds... what happens if it rains? I mean, how much do we depend on the ones providing the books to us? This is a meaningful question, specially when we read news once in a while about internet servers crashing down for hours or days because of human errors, fires or electrical failures. From a technical point of view, the answer is similar to when people say they are afraid to fly and prefer to use a car: flying is orders of magnitude safer than traveling in a car. In this case, books in the cloud are much safer than in a 2-GB drive there in your room. Unfortunately, stats and cold data do not typically convince the one who is afraid to fly, and neither will it to the ones that are hesitant to getting rid of their beautiful library in order to have a single reading device, and all their books "in the cloud". Serving companies will need to work hard to create and prove a feeling of tranquility.


Another issue that I am sure any reader of this article had in mind from the start is the noise in conversations. Enabling everyone to write comments in a book is theoretically interesting, but we all know what 99% of the internet forums become. From the competition to be the first one to write something (the "pole position" competition) to the trolls, those individuals that hiding under anonymity or with the power of 140 characters in twitter, corrupt the main goal of conversations and take them to grounds we typically do not want to step unto; concerns exist that this irrelevant marginalia prevents readers to reach the important goal: to have comments that nurture debate and enrich the original text.

And, of course, I have also written a fair deal about the different types of existing and still-to-be recommendation engines. We are all conscious of how sometimes our friends err on their recommendations. Therefore, the challenge of these tools and the complex and cold algorithms is that these errors are not multiplied, promoting works that not only we are not interested in, but that might propose ideas that are totally against our tastes and likes. This is something users of services that provide automatic recommendations suffer every day, and it is another important challenge to tackle.

Organizational, infrastructure, social and technical issues. Many and complex challenges. And still, aren't they beautiful challenges? Many people think so, and are spending part of their life to try to solve them. People like me. Books have defined the map of my life throughout the years. From the very first bedtime stories and tales read by my parents, to the ones I read by myself; George Orwell's 1984 and the comic-book God Loves, Man Kills defined my pre-adolescence. To Kill a Mockingbird by Harper Lee, or Kundera's Immortality in my youth; the challenge of Gödel Escher Bach or the surprise of Fromm's Fear of Freedom. Or my interests on reaching maturity, enjoying Antonio Damasio, Ramachandran, Marshall McLuhan or the excellent biography of Oppenheimer.

The only difference is that now, when I read Neil Gaiman's American Gods, or Murakami's 1Q84 in my Kindle, the books, instead of being my map, are my GPS.


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8/21/2011

El futuro común de dos profesiones críticas para la cultura y sociedad: una digresión sobre los educadores y los libreros


Permitidme que utilice este post como digresión a medio masticar de un tema al que quiero dedicarle tiempo en los próximos meses. Espero que si os resulta interesante me lo hagáis saber en los comentarios. Este artículo, su contenido y sus errores son solamente míos, pero ha habido algunas personas que me han aportado ideas y reflexiones muy interesantes y que han enriquecido lo que era la versión original. En concreto, Ólga Álvarez y Rafael Jiménez, dos Bibliotecarios (con "B" mayúscula) de la Universidad Nebrija, me han permitido entender mejor tanto la dinámica de la biblioteca actual, como los conflictos existentes. Muchas gracias amigos :)

Por qué
Como muchos sabéis, mi pasado y presente está muy relacionado con la educación. Primero, porque fui al cole :D, y después, porque he impartido e imparto clases, llevado proyectos fin de carrera y, en definitiva, me he involucrado en la vida universitaria tanto de grado como de postgrado. Durante un par de años estuve viviéndolo "a tiempo completo", y pude ver lo maravilloso y también lo menos grato de la educación, no sólo en España, sino, debido a diversas actividades, fuera de nuestras fronteras.

Posteriormente he seguido con atención cómo diversas voces requieren un cambio en el proceso educativo. Desde Sir Ken Robinson, hasta Marc Pransky, pasando por nuevas caras como Jane McGonigal, muchos nos dicen que no podemos seguir educando como se lleva haciendo desde hace un siglo. Y, en los últimos tiempos, estamos viendo diversos "experimentos" (algunos de ellos comentados en mi post anterior) como H2I Institute, TED Education, Vidiowiki o tecnologías como Kno, o todas las que se muestran en este artículo.

Al mismo tiempo, en el último año, y debido a mi involucración vital con 24symbols, estoy muy metido en el ámbito editorial, aprendiendo cada día sobre un mundo apasionante. En una época de cambios debido a la llegada de tecnologías digitales que han cambiado muchos modelos de negocio, muchas formas de trabajar, y muchas maneras de gestionar la información y el conocimiento, existe una constante discusión sobre cómo todos estos cambios afectarán a los roles que actualmente existen: el editor, el distribuidor, el propio autor... uno de los roles de los que más se está hablando es el del bibliotecario y, consecuentemente, del futuro de las bibliotecas. ¿Cuál es el papel de un bibliotecario cuando los libros ya no son físicos? ¿Es internet la nueva biblioteca, y, debido a la desintermediación y los cada vez más sofisticados motores de recomendación, es el bibliotecario un trabajo en extinción? Un artículo de Seth Godin define muy bien lo que está ocurriendo, pero hay muchos otros puntos de vista a tener en cuenta.

¿Somos necesarios los profesores y los bibliotecarios?
Mi digresión tiene que ver con que empiezo a no ver muchas diferencias entre un profesor y un bibliotecario. Hasta ahora, las diferencias eran obvias: un profesor es un experto en una o más materias (al nivel que es necesario para cada curso) y ha de saber explicarlas y evaluar los conocimientos de los alumnos. Un bibliotecario es un experto en "libros", y ha de saber organizarlos adecuadamente dentro de un centro normalmente estático (una biblioteca) para el uso y disfrute de sus usuarios. Perdonadme, sé que estoy simplificando las cosas muchísimo, pero al final, es lo que hay.

Pero como escribía antes, ¿qué sentido tiene este par de roles en la actualidad? El concepto de profesor existe porque antes de las capacidades de comunicación a distancia, necesitábamos a alguien que nos pudiesen contar las maravillas que habían ocurrido o estaban ocurriendo en el mundo. Pero ahora, puedo aprender de la fuente directamente. Puedo ver vídeos de TED, o de la Khan Academy y, sencillamente, FLIPAR con todo lo que cuentan allí. Existen foros de prácticamente todo lo que se me pueda ocurrir donde disipar las dudas que pueda tener. Tengo acceso a planes de estudio de las mejores escuelas, los mejores institutos, y las mejores universidades del mundo. ¿Es, sinceramente, TAN necesario contar con un profesor en la actualidad? Desde un punto de vista personal, ¿qué aporto YO a mis alumnos del MBA Ejecutivo o del Máster de Diseño Industrial de Nebrija que no pudiesen obtener por su cuenta? Fijaos, desde el principio dejo claro que los conocimientos hay que diseminarlos, pero no queda tan claro que haga falta mucho más que el origen de esos conocimientos para hacerlo. Al final, la mayor parte de los profesores somos, la mayor parte de nuestro tiempo docente, meros conductores de conocimiento generado en otra parte. Por supuesto, doy por hecho que se necesita una comunicación para resolución de dudas, etc. Volveré a este tema más adelante.

Volvamos al bibliotecario. Sin tener que irnos al futuro, ahora puedo tener acceso a casi cualquier libro que se me ocurra desde mi ordenador, sin salir de casa, y a un sólo click. Desde ese punto de vista (y teniendo en cuenta los tipos de libros que muchas veces me voy a encontrar en una biblioteca), la mayoría de esos libros se encuentran gratuitamente en internet. Es decir, ya no necesito "sus paredes". Los criterios de ordenación, organización de la cultura se ven amenazados por algoritmos de filtrado colaborativo que utilizan la propia información provista por la masa de usuarios para permitirme buscar rápidamente y recomendarme obras. ¿Qué más me puede ofrecer una biblioteca?

Recuerdo la época en la que más tiempo pasé dentro de una biblioteca. Fue entre sexto y octavo de E.G.B. (lo que ahora sería sexto de primaria y primero y segundo de la E.S.O. en España), y me acostumbre a pasar un par de horas después de clase en la biblioteca del colegio, casi todos los días, con unos amigos. Allí hacía los deberes, y principalmente los trabajos escritos que me mandaban. Esto último era muy importante para mí. Desde el principio lo de hacer trabajos se me dio muy bien y me salían cosas "diferentes". Aprovechaba sobre todo el humor y que en aquella época no se me daba mal el dibujo, así que salían cosas como infografías de los viajes de Colón (antes de que supiese que se llamaban así :) ) o cómics sobre la vida de Felipe II o el resumen de algunas religiones orientales. Cogía ideas de todo libro que pasase por mis manos, incluso algunos que sorprendían a mis profesores, como "La Historia de Aquí" de Forges, o "El Libro Gordo de Petete"... de Petete, creo :) La biblioteca me permitía acceder a obras que no tenía en casa. La biblioteca me daba ese espacio tranquilo, casi espiritual. Y la ayuda de la bibliotecaria, una señora mayor de la que nunca supe su nombre, que de vez en cuando nos mandaba callar cuando mis colegas y yo nos poníamos a hacer ritmos :) pero que nos encontraba ese libro que necesitábamos.

¿Y si estuviese ahora en sexto de primaria? ¿Necesitaría pasarme por la biblioteca para algo? Hace unas semanas me preguntaban en una entrevista en el Reino Unido sobre el futuro de las bibliotecas. Mi respuesta fue muy (espero) respetuosa pero clara: si los bibliotecarios consideran sus bibliotecas como contenedores de libros y su trabajo como el control de éstos, el futuro es muy negro. Pero si las consideran como entidades de gestión y difusión del conocimiento, entonces creo que su futuro es más brillante que nunca. Como alumno de sexto de primaria, yo no necesitaría ir a la biblioteca a encontrar nuevos libros. Pero sí me vendría bien la ayuda de la bibliotecaria (aún con motores de recomendación y demás historias) para encontrar LOS libros que necesito y cualificarlos. Eso sí, puede que para eso, lo que ocurra es que esta bibliotecaria se encuentre en una red social como "experta", no sentada en una mesa de nogal rodeada de libros de papel en una gran habitación al final de un pasillo. Mis conversaciones con Olga y Rafael me dejan claro que mi visión de la biblioteca está anticuada, y que se están haciendo muchos esfuerzos desde hace años para que ese arquetipo se actualice. Desde luego que los bibliotecarios están en general preparados para tratar no sólo con información "de papel". Y también para, sea el formato que sea, encontrar, juzgar y ayudar al lector potencial o investigador a llegar de una mejor manera a donde desea.

Mi propuesta: el cuasi-homomorfismo entre bibliotecarios y profesores en el siglo XXI
Sí, eso es lo que creo. Los profesores y bibliotecarios tienen un único fin en la actualidad, aunque el camino sea diferente. Promover el aprendizaje mediante una adecuada gestión del conocimiento, y una motivación personalizada. Antes de hablar con Olga y Rafael, no veía ninguna diferencia entre ambos roles. Un profesor y un bibliotecario habrían de tener la misma capacidad de acceso a la ingente cantidad de información existente para poder filtrar aquella que sea necesaria para sus "clientes", los alumnos o usuarios que se les acercan. Habrían de ser capaces de motivarlos en muchos casos. Porque en esta época de sobrecarga de información, incluso la persona que se acerca pidiendo ayuda puede perder la atención y el interés en el momento en que lo que le contamos no le convence. Volviendo al tema que mencionaba antes de la educación "vía vídeos", mi propuesta no es que los alumnos lleguen a una sala sin profesores y se pongan a ver vídeos. El profesor tendrá un papel fundamental en la elección de esos vídeos, en dinamizar la clase y en comunicar los puntos fundamentales que se explican. Pero contará para ello con instrumentos hasta hace poco impensables: los mejores profesores del mundo explicando las ideas más profundas y las tecnologías más avanzadas de la mejor manera posible. 
Tras estas conversaciones con expertos, me encaja una definición algo más sutil. Ambos perfiles son "guías", pero mientras que un profesor traza el mapa del tesoro a encontrar, el bibliotecario es el que ayuda a resolver las pistas necesarias para llegar al tesoro. Y aún más, el bibliotecario puede haber trabajado conjuntamente con el profesor para trazar ese mapa, al ayudarle a encontrar "recovecos topográficos" que al profesor se le podrían haber escapado. 

Hace poco leí una entrevista a Julius Wiedemann, de la editorial Taschen, y lo definía muy bien. Las editoriales no compiten sólo entre sí, sino con Starbucks o Zara. Lo que está en pugna es el tiempo del cliente, que puede utilizarlo para tomarse un café, pasar una tarde de tiendas, jugar al Angry Birds o leerse un libro. Qué decida hacer en cada momento es una decisión personal, una decisión a partir de los intereses de sus colectivos más cercanos (familia, amigos, colegas) y una decisión motivada por sus prescriptores más cercanos. El profesor y el bibliotecario podrían convertirse en los "coaches" más importantes que pueda tener un joven en estos próximos años. Pero las reglas del juego han cambiado, y ni el profesor puede admitir el papel de "salir a la palestra a contar un rollo", ni, como decía antes, el bibliotecario puede admitir que se mantenga esa idea del señor o señora sentado en una habitación empapelada de árboles post-procesados a la espera de que algún incauto se equivoque de pasillo, a lo Hotel California.