7/13/2008

Cuando el trabajo puede con nosotros... finalmente

Leo en varios periódicos la noticia de un nuevo caso de "Karōshi" (muerte por exceso de trabajo) en Japón; en este caso, un ingeniero de Toyota que trabajaba en un nuevo modelo híbrido.

El Karōshi es algo desgraciadamente común en el ámbito corporativo japonés. Pero en otros lugares, desde el Silicon Valley a Madrid, el sobretrabajo es un fenómeno inquietante. Antes de nada, pongamos las cosas en su sitio. Creo que hay dos razones principales por las que uno puede trabajar más horas:
  1. Realmente hay que terminar algo, estás comprometido y quieres hacerlo.
  2. Tu jefe te dice que hay que terminar algo, te toca el marrón, y te toca hacerlo.
En el primer caso, y aunque a nadie nos gusta lo de echarle horas al trabajo, uno se lo toma casi como un desafío. Las cosas, por la razón que sea, no han ido bien, y hay que hacer un esfuerzo adicional por el bien común. Durante el resto de la jornada o jornadas de trabajo excesivo, estaremos centrados en el trabajo a realizar.

En el segundo caso, el aspecto psicológico es fundamental. Gran parte del tiempo no estaremos trabajando al 100%, enfocados en terminarlo lo mejor y antes posible, sino que le daremos vueltas a la cabeza: "esto es injusto", "esto no puede seguir así", "por qué me toca a mí cuando el responsable de este marrón es Pepito", ...

Los problemas surgen cuando, o el punto 2 es continuo, o cuando se alterna constantemente entre el punto 1 y el 2; en este caso, el 1 termina por perder su sentido.

Otro parámetro importante en esta fórmula es, desde ese punto de vista psicológico que comentaba, que somos nosotros mismos los que decidimos cuándo pasar del punto 1 al 2. Hay perfiles más tolerantes a esta presión. Entienden que el trabajo tiene "estas cosas" de vez en cuando y que, mientras no se repitan demasiado, hay que apechugar. Otros, sin embargo, lo afrontan de modo más idealista o intolerante, dependiendo de cómo se mire, y ante cualquier cambio con respecto al contrato o planificación acordado inicialmente, el mundo se viene abajo y los jefes se convierten en traidores e inútiles.

Por supuesto, el solape es evidente, y sólo he descrito los dos vértices del rango de sensaciones y situaciones por las que se pasa continuamente en una empresa de, imagino, cualquier tipo.

Por último, está claro que el estar 8, 9, 10, 12, 14 horas diarias en una oficina bien sentadito no es comparable a tener que descargar cajas en el Mercamadrid, o el faenar en el Cantábrico. Sin embargo, lo que está claro es que la presión que se sufre sí puede serlo. Es el típico problema de la incapacidad de ver el bosque (¿es lo que estamos haciendo TAN importante?) por centrarnos en un árbol (esta tarea es vital y hay que terminarla como sea).

Creo sinceramente que la empresa es parte vital en este proceso, y no puede permitir que se acepten conductas perjudiciales para sus empleados. En este saco meto primordialmente a las conductas de los responsables que permiten presión excesiva, trabajo mal planificado y mal repartido y chantajes emocionales o económicos ("ni se te ocurra decir que no, que te vas de patitas a la calle"), pero también las conductas de los empleados que aceptan esa presión sin rechistar. En ambos casos ha de haber mecanismos o movimientos que lo eviten.

2 comentarios:

Juan Franco López dijo...

Buenas Justo. Estaba reordenando mis marcadores del recién instalado Firefox 3 y he entrado en tu blog... Este tema es para debatir muchas horas y desde muchos puntos de vista. Como un trabajador más que he sufrido ese ritmo insufrible de horas extra en períodos continuados de tiempo, tiene una lectura similar a la que tú haces, parte del problema es del jefe/gestor y parte del afectado. Sin embargo al final el afectado es el que tiene que parar, meditar sobre esa situación y analizar todos los condicionantes que le han llevado hasta ese punto. En muchas ocasiones uno descubre que no se sabe decir que NO a los plazos imposibles, a las tareas imposibles de afrontar, por miedo a que nos valoren mal... yo he descubierto que al final un NO sensato se traduce en una reducción de estas situaciones caóticas y en una mejor valoración en el ámbito de tu empresa... pero bueno, es una opinión basada en mi experiencia personal y no siempre trasladable a otros ámbitos.

Justo dijo...

Hola Juan,

un placer volver a saber de ti! Creo firmemente que en el ámbito corporativo, y a excepción de casos extremos, lo que comentas es el problema principal. El "NO" se convierte en una palabra maldita que no se puede decir porque si no, no hay "compromiso", "lealtad a la empresa", ... La realidad es que intentar abarcar todas las posibles tareas diarias lleva, al menos en mi caso, a erratas, errores, tropezones, bandazos, preocupaciones, tensión, estrés y, en ocasiones, a la razón de este artículo.

A ver si en Septiembre quedamos!