1/12/2016

Ser estoico

Mi lectura principal estas navidades ha sido el libro "Philosophy for life" de Jules Evans, a quien conocí en Seúl el pasado octubre. Aunque la sinopsis del libro se ajusta a un nuevo Mundo de Sofía, o al típico resumen de la filosofía occidental, me está sorprendiendo el enfoque sencillo y muy de andar por casa que Jules da a cada escuela.

Concretamente, ha dedicado una sección completa al Estoicismo. Muchos de los temas que aparecen en esa parte llevan dando vueltas en mi cabeza estos últimos meses. Conozco la postura estoica desde hace años, más allá del concepto conocido popularmente como "aguantar lo que te echen". Sabia que el estoicismo tiene muchos mas detalles. Pero solo ahora, al referirme a los clásicos de Epicteto o Séneca, y al referir sus palabras a mis propias reflexiones actuales, es cuando todo tiene mas sentido.

Solo por describir una de las decenas de cosas que me pasan por la cabeza con respecto a este tema, me pregunto si un emprendedor puede o no ser estoico.

Creo que es una reflexión complicada. Por una parte, un emprendedor no puede aceptar muchas de las premisas de partida de los estoicos: 
  • La ira de los seres humanos se debe principalmente a expectativas excesivamente optimistas acerca de cómo se resolverán los problemas.
  • Su definición de lo que es un ser humano, como "un cuerpo débil y frágil, desnudo, naturalmente indefenso, en necesidad de asistencia, expuesto a todos los insultos de la Fortuna, y, una vez ha provisto a sus músculos de un buen ejercicio, se convierte en alimento de la primera bestia salvaje."
  • Significa aceptar que nos puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. 
  • Es un enfoque filosófico básicamente individualista. Ningún líder estoico ha intentado convertirlo en una 'filosofia oficial' de ningún grupo o estado. Sabían que no funcionaria.
¿Un emprendedor que no sea optimista por naturaleza, como el personaje Polyanna de la obra de Eleanor Porter? ¿Que acepte que somos meros animales aniquilables por el azar en cualquier momento? ¿No tendría más sentido que los emprendedores fueran epicúreos, disfrutando de la vida y aprovechando las oportunidades disponibles para llevar la felicidad a sus congéneres a través de sus productos y servicios? 

Sin embargo, tras una lectura algo más profunda y tranquila sobre lo que algunos de los estoicos más reconocidos como los arriba mencionados Epicteto y Séneca, pero también Marco Aurelio con sus Meditaciones, o Martha Nussbaum, la cosa no está tan clara.

Porque los estoicos no dicen que hay que aceptar cualquier cosa que nos venga, sino que hemos de estar preparados a aceptar lo que no podemos controlar. Eso sí es algo que todo emprendedor vive constantemente. Siempre digo que un emprendedor es ciclotímico, pues el mismo día que es el rey del mundo, se convierte en el vasallo más desgraciado, con solo recibir dos correos electrónicos. Pero lo que quiero decir en realidad es que un emprendedor aprende, a veces rapidamente y a veces no, que el mundo es muy complejo y que no podemos controlarlo todo. El optimismo necesario al arrancar un proyecto no puede ser naif. El segundo mago es una técnica de creatividad que nos fuerza a dar un paso atrás y comprobar los factores geográficos, culturales, sociales o legales que pueden afectar una industria, una idea, un problema o un segmento de mercado. Esto forma parte de ese optimismo informado.

Nussbaum dice que podemos ser destruidos por catástrofes. El estoico sabe que eso puede ocurrir, y luchará mientras sea posible, pero aceptará la derrota cuando no sea capaz de proseguir. Un emprendedor debe aprender eso. Hace poco más de un año asistí a una charla más conversación privada con Ash Maurya, autor de Running Lean, un libro de referencia en el ámbito de las startups. Un de los temas de los que hablamos fue de cuándo saber parar. De la misma forma que un artista marcial ha de aprender cuándo su adversario lo ha derrotado, o un ajedrecista sabe cuándo aceptar que aunque queden movimientos, ha perdido de manera clara, un emprendedor tendría que poder entender cuándo se ha terminado el juego. 

El libro de Evans menciona una estadística del 2010 sobre la mayor causa de sufrimiento de los soldados británicos destinados en Irak y Afganistán. No era nada relacionado con la guerra, sino la impotencia y frustración de escuchar por teléfono a sus parejas quejarse de problemas caseros que, desde sus destinos, ellos no podían solucionar. El estoicismo se está aplicando en muchos ejércitos de todo el mundo para, entre muchas otras cosas, enseñar a los soldados a gestionar este tipo de sentimientos. Los emprendedores también lo necesitamos. Evans también menciona otras escuelas de filosofía, como el Escepticismo, que sin duda también tiene mucho sobre lo que reflexionar en el ámbito empresarial, por la importancia que le dan a no prejuzgar acerca de si una acción es buena o mala per se, pero principalmente por la necesidad de establecer hipótesis acerca de la realidad que luego es o no validada con la experiencia... ¿algún practicante de Lean Startup en la sala? Aún así, la descripción y, en algunos casos, defensa del estoicismo por parte de Evans me han llamado más la atención. 


No sé si una empresa puede ser creada por un único emprendedor que sea estoico. Pero sí voy teniendo claro que es necesario que alguno de los socios sí lo sea, y aplique esa templanza y aceptación de hechos a la filosofía de la empresa. Aunque parezca que este enfoque "aplana" las sensaciones del día a día en una empresa, hay que tener en cuenta que la adaptación hedonista que los seres humanos expresamos inherentemente hace que aunque las cosas nos vayan mejor o peor que en etapas anteriores, nuestro nivel percibido de felicidad, de media, se mantiene en el tiempo. 

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