El emprendizaje como parte de un sistema


Hace un par de años escuché un podcast de kfund en el que varios VCs hablaban de su trabajo. Me llamaron la atención dos cosas. No porque no lo supiera de antes, sino porque escuchar a esos gestores en este momento de mi vida me permitió llegar a ciertas conclusiones.

Lo primero es que dijeran que realmente sus clientes son los LPs (Limited Partners), la gente o instituciones que meten el dinero en los fondos. Aunque eso no es secreto en absoluto, es como cuando escuché a los editores decir que a quien se deben realmente es a sus autores, que son sus clientes. De repente te das cuenta de que el emprendedor, como el lector, son simples elementos del sistema. El emprendedor se convierte en la función que, al introducirle pasta, devuelve una recompensa variable. A veces décimas y a veces múltiplos del valor introducido inicialmente. De hecho, durante el podcast, el nombre más habitual para referirse a las empresas era "las participadas". 

Lo segundo fue el tono. Los gestores de fondos suelen ser personas brillantes. Porque muchas veces vienen de ser emprendedores, porque vienen del mundo financiero, porque hay que ser brillante para convencer a gente para que ponga millones en un fondo y porque esta industria es lo suficientemente pequeña como para que otra opción sea difícil que ocurra. Pero también suelen ser fríos. El podcast me recordó a Benedict Evans, hasta hace poco analista en Andreessen-Horowitz a quien conocí en su etapa previa como analista en otra firma de Londres. Brillante, brillantísimo, con una capacidad increíble de explicar la realidad. Pero con mucha frialdad. Tampoco es que le importase, claro.

Tras escuchar el podcast lo tenía claro. Ese mundo no es para mí, constatando lo que ya sabia: no soy un emprendedor en serie. Soy un creador de productos en serie. Me encanta el producto, la innovación que conlleva. Y si eso requiere montar una empresa o hablar con inversores, que así sea, pero no porque sea parte habitual del proceso. Al día siguiente, si una empresa me ofreciese un producto interesante, me iría con ella. Y si al año siguiente es la consultoría la que me permite trabajar en proyectos de calado, pues perfecto entonces.  
Dos años después, estoy en un proyecto sin inversión, intentando crecer de manera orgánica. Sin rechazar la inversión externa per sé, pero intentando que, si tiene sentido, llegue cuando tiene que hacerlo, no porque sin ese dinero el proyecto no pueda funcionar. Y con la idea muy clara de que si funciona, genial, y le dedicaremos mucho esfuerzo para que así sea. Y si no, pues nada, que el mundo está lleno de ventanas que se abren. 

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