7/19/2008

La verdadera utilidad de la web

La utilidad social de las tecnologías se ha demostrado en muchas ocasiones, pero muchas menos de las que se debería, sobre todo si lo comparamos con el número de invenciones y aparatos que sólo sirven a unos pocos.

Me gusta leer, por tanto, de vez en cuando, artículos como éste de El País, que narra la segunda jornada de la conferencia sobre "Media para el Ciudadano" de la ONG Global Voices. Son proyectos sencillos pero impactantes, donde se demuestra que las grandes ideas tienen casi siempre comienzos sencillos, pero complejos procesos. Proyectos de acción directa sobre la sociedad, informativos y formativos, ... lo importante es que aquí sí que las tecnologías básicas ayudan allá donde la infrastructura existente no lo consigue.

En un aspecto más concreto, quiero comentar la inicitiva NetSquared, que pretende, entre otras cosas, la utilización de los mashups (las combinaciones de datos procedentes de diferentes fuentes para obtener información hasta ahora inexistente) en el ámbito social. El proyecto Uganda Economic Intelligence Unit es un ejemplo perfecto de cómo aplicar algo de interés corporativo claro, como es la inteligencia de negocios, a la esfera política y de avance social. MapThis! es una utilización clásica del modelo de mashup con mapas, pero con un enfoque diferente. Honoring HistoryMakers and StoryTellers tiene un interés más sosegado, pero sin duda interesante. En su conferencia de este año, el ganador de su concurso de mashups ha sido este KnowMore.org, un plugin de Firefox que, cuando navegas a una página de una empresa, te da información acerca de temas éticos, conflictos, etc.

En definitiva, diferentes ideas puestas en práctica para aportar un granito de arena necesario.

7/15/2008

La innovación al servicio de la inutilidad... casi siempre

Cualquiera que haya viajado en avión mínimamente habrá tenido la ocasión de ojear la revista Skymall. Es un catálogo de productos que se pueden pedir directamente en el avión cuando la película que te ponen no es lo suficientemente atractiva. Generalmente, la gente a la que le da miedo volar la ojea temblorosamente mientras se dan las últimas indicaciones de seguridad antes de partir; o cuando las horas empiezan a hacer mella en el viajero; o cuando el niño de atrás no te deja dormir.

Los productos que se venden en esta revista son generalmente extraños. Walkie-talkies que no necesitan pilas, bandejas circulares para que todo el mundo alrededor de una mesa pueda comer alitas de pollo, zapatos que llevan muelles para que andar sea más cómodo, una caja de plástico flotante para que puedas tu iPod en el agua de la piscina sin riesgos, bolígrafos musicales con los himnos de tus equipos favoritos... podría seguir páginas y páginas (en el último número, 196 para ser más exactos). Skymall se ha especializado en vender productos de otros vendedores, ejerciendo de intermediario.

Los productos son, como podéis ver, generalmente inútiles, o al menos no estándar. Buscan sorprender al consumidor, que, en un momento de debilidad, encuentra ese cacharro que le hace sonreir... "sí, qué gran idea".

¿El problema? Que no aciertan en la pregunta básica: "¿es éste un problema que merezca la pena resolverse?". He mirado por encima cada una de las 196 páginas, y no encuentro demasiados problemas que cumplan esa premisa.

Sin embargo, si nos centramos en innovación, la gente que trabaja en esas empresas está llevando a la práctica casi todos los pasos necesarios en el proceso creativo: está encontrando un problema, y lo está resolviendo. La última vez que ojee la revista estaba en medio de mi curso de creatividad e innovación, y muchos de los planteamientos exhibidos en estos productos me parecieron muy interesantes como utilización de la técnica del primer mago (centrarse en un problema y desgranar sus elementos). Desde ese punto de vista, Skymall, y las compañías que representa, podrían considerarse un gran sitio para formarse en técnicas de innovación. Sólo espero que para la mayor parte de los "creativos" que trabajen en estas ideas, sea sólo un primer paso hacia algo más importante.

7/13/2008

Cuando el trabajo puede con nosotros... finalmente

Leo en varios periódicos la noticia de un nuevo caso de "Karōshi" (muerte por exceso de trabajo) en Japón; en este caso, un ingeniero de Toyota que trabajaba en un nuevo modelo híbrido.

El Karōshi es algo desgraciadamente común en el ámbito corporativo japonés. Pero en otros lugares, desde el Silicon Valley a Madrid, el sobretrabajo es un fenómeno inquietante. Antes de nada, pongamos las cosas en su sitio. Creo que hay dos razones principales por las que uno puede trabajar más horas:
  1. Realmente hay que terminar algo, estás comprometido y quieres hacerlo.
  2. Tu jefe te dice que hay que terminar algo, te toca el marrón, y te toca hacerlo.
En el primer caso, y aunque a nadie nos gusta lo de echarle horas al trabajo, uno se lo toma casi como un desafío. Las cosas, por la razón que sea, no han ido bien, y hay que hacer un esfuerzo adicional por el bien común. Durante el resto de la jornada o jornadas de trabajo excesivo, estaremos centrados en el trabajo a realizar.

En el segundo caso, el aspecto psicológico es fundamental. Gran parte del tiempo no estaremos trabajando al 100%, enfocados en terminarlo lo mejor y antes posible, sino que le daremos vueltas a la cabeza: "esto es injusto", "esto no puede seguir así", "por qué me toca a mí cuando el responsable de este marrón es Pepito", ...

Los problemas surgen cuando, o el punto 2 es continuo, o cuando se alterna constantemente entre el punto 1 y el 2; en este caso, el 1 termina por perder su sentido.

Otro parámetro importante en esta fórmula es, desde ese punto de vista psicológico que comentaba, que somos nosotros mismos los que decidimos cuándo pasar del punto 1 al 2. Hay perfiles más tolerantes a esta presión. Entienden que el trabajo tiene "estas cosas" de vez en cuando y que, mientras no se repitan demasiado, hay que apechugar. Otros, sin embargo, lo afrontan de modo más idealista o intolerante, dependiendo de cómo se mire, y ante cualquier cambio con respecto al contrato o planificación acordado inicialmente, el mundo se viene abajo y los jefes se convierten en traidores e inútiles.

Por supuesto, el solape es evidente, y sólo he descrito los dos vértices del rango de sensaciones y situaciones por las que se pasa continuamente en una empresa de, imagino, cualquier tipo.

Por último, está claro que el estar 8, 9, 10, 12, 14 horas diarias en una oficina bien sentadito no es comparable a tener que descargar cajas en el Mercamadrid, o el faenar en el Cantábrico. Sin embargo, lo que está claro es que la presión que se sufre sí puede serlo. Es el típico problema de la incapacidad de ver el bosque (¿es lo que estamos haciendo TAN importante?) por centrarnos en un árbol (esta tarea es vital y hay que terminarla como sea).

Creo sinceramente que la empresa es parte vital en este proceso, y no puede permitir que se acepten conductas perjudiciales para sus empleados. En este saco meto primordialmente a las conductas de los responsables que permiten presión excesiva, trabajo mal planificado y mal repartido y chantajes emocionales o económicos ("ni se te ocurra decir que no, que te vas de patitas a la calle"), pero también las conductas de los empleados que aceptan esa presión sin rechistar. En ambos casos ha de haber mecanismos o movimientos que lo eviten.