12/11/2010

Enseña como si fueses tu propio alumno

[Atención: este artículo sí que es, sin ninguna duda, un "cuento del abuelo". ¡¡¡Quedáis avisados!!!  :) :) :)]

No es la primera vez que Steve Blank aparece referenciado en este blog. Un clásico del Silicon Valley, que vivió el verdadero comienzo de esa zona como centro neurálgico de la innovación ejecutiva (y que más de un "líder" tendría que entender, cuando se intenta replicar el modelo del Silicon Valley, como si de un mero Copy-Paste se tratase).

El artículo que tomo como base hoy va, sin embargo, de otro tema. Steve Blank cuenta cómo empezó a impartir docencia  en una empresa relacionada con temas militares (como todas las importantes en aquella época en el Silicon Valley). Sólo cuando se dio cuenta de que lo que tenía que hacer es enseñar al alumnado como si se tratasen de copias de él mismo, con sus mismas inquietudes, todo empezó a fluir y dejó de ser el "busto parlante" que no bajaba de su estrado y que no paraba de leer ni de temblar :)

El artículo me ha gustado porque lo podía haber escrito yo. Empecé a impartir clases en 1998. Nunca me había interesado la docencia, y siempre había sido el típico alumno de buenas notas pero callado, que interactuaba poco en clase. Pero me atraía la posibilidad de estudiar temas avanzados que, además, me ayudasen en mi tesis doctoral (bendita inocencia... :) ). Además, el dinerillo nunca viene mal, y menos cuando tienes 24 años.  Sin embargo, el desafío era grande; la asignatura era "Sistemas Operativos Distribuidos", de cuarto de carrera de Ingeniería Informática en la universidad Nebrija, y en el grupo de tarde, que quería decir que los alumnos provenían de haber terminado la carrera técnica, y que compatibilizaban sus estudios con su carrera profesional. Es decir: que era gente que ya sabía lo que era la vida después de la universidad, y, sobre todo, que seguramente muchos serían de mi edad, o mayores!!! Ahora eso me causa gracia, pero en aquel momento no me hacía ninguna...

Me pasó como a Steve Blank. Sólo me quedaban 10 días para empezar las clases, con una reunión de empresa fuera de Madrid en medio, una mini-gripe también -seguramente causada por los nervios que se iban concentrando- y sin conocimiento de algunos de los temas que iba a impartir. Además, quería que la clase fuese práctica, así que tenía que programar ejemplos que tuviesen sentido... no dormí mucho esos días, la verdad.

Y el comienzo fue como explica Steve. Y el cambio, igual de rápido. Muchos alumnos eran, efectivamente, mayores que yo. Algunas de las cosas que contaba ya las habían visto o en otras asignaturas, o en su carrera, o incluso ellos mismos las habían impartido en clase -algunos alumnos eran a su vez profesores de otras universidades-. Al final de la primera clase, un alumno se me acercó a exigirme (así lo entendí en aquel momento... ahora me doy cuenta de que me estaba suplicando) que les pasase los apuntes, pues "hablas a toda velocidad, es imposible seguir tu clase ni tomar apuntes". Cuando repasé lo que había contado aquella noche, me di cuenta de que, efectivamente, algo iba mal. Como decía Blank en su artículo, ni me moví de detrás de la mesa, miraba todo el rato a mis notas, y mis transparencias (en aquella época eran transparencias de verdad, nada de proyectores), no siendo muy malas per se (vamos, no eran solo texto como sigo viendo en algunas presentaciones en la actualidad), no "daban soporte" a lo que contaba, sino que sencillamente eran transcripciones de mis notas.

Así que rompí parte de mi plan de ese semestre, creé una página de web de profesor en Geocities (me dicen que fue la primera página con contenido no estático de un profesor en Nebrija) para que los alumnos tuviesen una base mejor que las transparencias y, con mucho sufrimiento :) cambié poco a poco el estilo de clase para hacerlo algo más ameno. De hecho, a mediados de ese curso fue cuando mencioné por primera vez un "cuento del abuelo" para explicar algunos temas de coordinación entre componentes distribuidos. Y, sobre todo, cuando los sábados después de comer me iba a CESAT (la que era mi empresa entonces) para preparar mis clases (mi conexión casera con redestb no daba :) ), no me iba hasta que no era capaz de visualizar claramente todo lo que quería contar, con qué estilo, y quién era mi "estudiante medio".

Evidentemente, no dejó de ser una primera experiencia de docencia, y todo fue mejorando según pasaron los años. Pero la "crisis" de las primeras clases y el darme cuenta de que no podía comportarme como alguien que no era (profesor estirado que imparte sus clases y se va) me vino muy bien de manera inmediata. Al año siguiente me incorporé adicionalmente al claustro del Máster en Telemática de la Universidad de A Coruña para intentar encauzar un problema que había ocurrido con un grupo de trabajo en temas de Gestión de Sistemas y Redes; plantear mi primera reunión con el grupo y definir las primeras tareas como si yo fuese uno de los alumnos me permitió no sólo salir airoso, sino que el grupo se involucrase muchísimo desde el primer día e hiciese cosas interesantes durante ese semestre que duró el grupo.

Ser buen profesor exige mucho esfuerzo y, sobre todo, no pensar NUNCA que YA eres buen profesor, sino que es un camino constante de mejora. El truco de "darte clase a ti mismo" funciona, porque es un círculo vicioso. Al esforzarte en mejorar para que tú mismo entiendas lo que enseñas, te conviertes en un alumno más exigente, por lo que en la siguiente clase hay que ser aún mejor.

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