La docencia híbrida: oportunidades, desafíos y cómo mitigarlos (o al menos cómo intentarlo)

 


El advenimiento de la pandemia COVID-19 ha producido una aceleración en muchísimos cambios relacionados con la utilización de tecnologías que permiten el acceso remoto. El teletrabajo es el caso más evidente. El otro más relevante es la educación. Durante muchos meses, desde aquel aciago Marzo de 2020, las escuelas, institutos, universidades, escuelas de negocio y academias han tenido que variar, en algunos casos al 100%, sus modos habituales de trabajo. Una vez estaba claro que el curso 2020-21 iba a ser diferente en muchos aspectos, y tras las dudas procedentes de los cambios gubernamentales constantes, surgieron diferentes escenarios de modalidades de docencia. 

Algunas instituciones decidieron mantener la presencialidad al 100%, pero son los menos. Otros, como academias y pequeñas instituciones, aprovecharon la flexibilidad que les permite su tamaño para moverse 100% al modo online. Lo que al principio era la utilización estática de herramientas como Zoom o Teams, se ha convertido ahora en una manera mucho más dinámica de actuación, con el aprovechamiento en tiempo real de herramientas de compartición como Google Drive, Miro o Mentimeter, y capacidades como las salas de trabajo para permitir a los alumnos un mayor nivel de colaboración y actividad en la clase. 

Sin embargo, otras instituciones, por diferentes razones más o menos relacionadas con el ámbito académico, tomaron la decisión de mantener un enfoque presencial, entendiendo que hacía falta añadir un componente online. De ahí surge el concepto de formación híbrida, donde alumnos que asisten presencialmente a clase comparten sesión con alumnos que se conectan virtualmente. Aunque también este formato admite variaciones, la que estoy viendo más habitualmente en universidades y escuelas de negocio es la opción puramente síncrona, es decir: el profesor asiste al aula con un subconjunto de los alumnos a una hora determinada, mientras que el resto se conecta, a esa hora concreta, a una sesión virtual en la que podrán asistir a la misma. 

La estructura básica de organización física del áula que he visto en mis experiencias desde Septiembre de este año es aproximadamente la que muestro en la figura. No me centro en iniciativas más avanzadas pues son casos concretos e incluso experimentales incluso en las instituciones que las han puesto en marcha.



Lo que viene a continuación es una lista de mis primeras impresiones críticas de este enfoque docente. Quiero dejar claro desde el principio que no es una crítica en sí a las instituciones que lo implementan. Soy muy consciente de las dificultades a las que se enfrentan y los esfuerzos que están realizando para ofrecer el mejor entorno posible a estudiantes y docentes. Pero solo a partir de un enfoque pragmático que ponga en valor ese esfuerzo pero muestre las líneas evidentes de mejora, podremos avanzar. 

 

La conectividad en el áula es clave

Puede parecer obvio, pero el enfoque híbrido cambia totalmente las reglas. En un entorno puramente presencial, el perder conectividad afecta únicamente a un cierto porcentaje de la calidad de la clase. Incluso si estamos impartiendo sesiones prácticas sobre un producto online, hay cierta parte que no se pierde, como el enfoque teórico, etc. 

En la clase puramente online, el problema es evidente, pero es algo que sufren TODOS los alumnos (siempre dando por hecho que la responsabilidad de contar con una conexión adecuada es responsabilidad del alumno, un tema que también se puede discutir).

Sin embargo, en un enfoque híbrido, los problemas de conectividad del áula afectan solo a un porcentaje de la clase, los que se encuentran online. De hecho, debido al ancho de banda necesario para la conexión de vídeo, es más que probable que los servicios online compartidos directamente en el áula física se vean correctamente mientras que los alumnos online no puedan ver la clase, las pantallas compartidas, etc. 

La frustración para los alumnos online y para el profesor es evidente, además de la imposibilidad de mantener un ritmo y flujo de clases adecuado, pues cada dos por tres surgen problemas que exigen acciones correctivas. 

 

La conectividad de los alumnos también es muy importante

Siempre se ha dado por hecho que los alumnos son responsables de contar con una conectividad adecuada para poder asistir a cursos online o híbridos. Pero en una situación como la actual, la calidad mínima sube. Muchos alumnos no conectan sus cámaras en las clases híbridas. Algunos lo hacen por razones de privacidad y otros para que no se sepa lo que hacen mientras asisten a clase, pero muchos lo hacen porque saben o perciben que distorsiona su interacción con el áula. 

Esto rompe totalmente con el uso adecuado de la pantalla del fondo de clase, que se supone que permite que los estudiantes presenciales "sientan" que los alumnos online están asistiendo. Por supuesto siempre podemos obligarles, pero la realidad es que este enfoque coercitivo no es el adecuado ahora mismo: los alumnos que no quieran, siempre podrán aducir ciertos problemas técnicos; los que sí, pero sí tengan realmente estos problemas, se verán forzados a tener una experiencia peor. 


La vista del profesor... también importa

En algunas configuraciones y también debido al tipo de productos comerciales utilizados, la pantalla del fondo de la clase se utiliza no solo para ver supuestamente las caras de los alumnos online, sino que es donde aparece el chat de clase. Es el único sitio que tiene sentido pues la primera pantalla es la que se utiliza para compartir con toda la clase y tiene que estar cerca del profesor para que pueda marcar temas concretos, ver detalles, etc. 

El problema es que la pantalla del fondo de clase está... al fondo de la clase. Y eso significa que si el profesor no ve bien, o el áula es muy profunda, es muy complicado ver los comentarios del chat de los alumnos online. Sí, se puede ampliar el tamaño de fuente, pero entonces eso limita el espacio donde se ven las cámaras de los alumnos. 


El lío de los micrófonos y los altavoces

La mayor parte de las configuraciones que conozco cuentan con un micrófono omnidireccional que permite al profesor moverse por la clase para que los alumnos online puedan escucharle adecuadamente. Esto además permite que los alumnos del áula puedan participar directamente y los alumnos online les puedan escuchar. 

Por otra parte, los altavoces del monitor del fondo, o integrados en el áula, son los que permiten que cuando hable un alumno online, toda la clase le escuche adecuadamente. 

Esta configuración es correcta cuando se trata de clases magistrales o de trabajo general. El profesor habla, los alumnos comentan para toda la clase. Más allá de la calidad de los micrófonos, de zonas muertas o de problemas de conectividad, esta configuración funciona.

Además, los profesores suelen contar también con micrófonos de corbata. En el caso de sesiones puramente magistrales, como si fuese una conferencia, es la mejor opción. Solo se oye al docente. Si algún alumno tiene alguna pregunta, el docente ha de repetirla para que los alumnos online la puedan escuchar. 

El problema viene cuando queremos realizar talleres grupales, organizando a los alumnos en grupos. Las herramientas actuales permiten organizar salas de trabajo virtuales, de manera que podemos crear diferentes configuraciones:

  1. Los alumnos presenciales se organizan por grupos físicos, mientras que se crean salas virtuales para grupos de alumnos online. Por ejemplo, si tenemos 15 alumnos presenciales y 15 online, crearíamos tres grupos presenciales de cinco alumnos, y tres salas virtuales con cinco alumnos cada uno. En estas herramientas, los alumnos de las salas virtuales ya solo se ven entre sí. 
  2. También se puede realizar una configuración híbrida, pidiendo a los alumnos presenciales que se conecten a esas salas virtuales. 

Pero estas configuraciones causan varios inconvenientes:

  • Dependiendo de la herramienta utilizada, los alumnos que van a salas virtuales dejan, en algunos casos, de ver el chat grupal. No es posible para el docente enviar mensajes a todo el mundo. 
  • Ocurre lo mismo con el micrófono. Tiene sentido, pues la idea es que el resto de conversaciones, incluso las que pueden mantenerse en la sala principal, no les moleste. Pero como veremos ahora, limita la comunicación...
  • ... pues con el enfoque actual de configuración, si el profesor entra en una sala virtual, no solo le escuchan esos alumnos, sino también todos los alumnos del áula presencial. 



 

Los cambios en las metodologías no implican necesariamente cambios en los contenidos de años anteriores

De la misma manera que las instituciones han tenido que hacer amplios esfuerzos para acomodarse a esta nueva realidad híbrida, los docentes también han visto, en algunos casos de repente, cómo su enfoque habitual de las clases está comprometida. No me refiero solo a aquellos docentes de clases puramente presenciales y magistrales. Hay muchos profesores que llevaban años implementando otro tipo de metodologías y enfoques. Pero incluso en estos casos, el enfoque híbrido cambia muchísimas cosas. Un profesor puramente online se enfrenta a la coordinación con los alumnos del áula presencial. Un profesor de presencial que utiliza talleres constantes se ve limitado por los problemas de conectividad y ha de buscar otro tipo de ejercicios. Las limitaciones mencionadas anteriormente con las salas de trabajo virtuales exigen en algunos casos que los talleres sean más cortos para que los alumnos vuelvan cuanto antes a la sala general y no se sientan fuera de contexto.

 

¿Cuál sería una evolución incremental pero necesaria de estas clases híbridas? Mi propuesta sobre tecnología

  • Evolución de las tecnologías de clases virtuales y videoconferencias para minimizar el consumo de ancho de banda y mejorar la gestión de la misma. Por ejemplo, hay herramientas que cuando hay una mala conexión, cancelan la compartición de pantalla o de aplicaciones... pero no intentan recuperarla después. Esto obliga al profesor a estar comprobando si esto es así constantemente, o que los alumnos online tengan que estar recordándoselo al profesor. 
  • Conectividad suficiente para todos los profesores y alumnos que están conectados en ese momento desde clase. Si es necesario, conexiones independientes (p.e. cada clase cuenta con una conexión 5G independiente) o con varios proveedores al mismo tiempo (p.e. en modo equilibrio de cargas o load balancing), de forma que siempre se cuente con la mejor conectividad posible. No es perfecto y seguramente el coste es mayor.
  • Mientras no se pueda asegurar la conectividad de los alumnos, eliminación de las pantallas del fondo de clase. La cámara de clase sí puede quedarse ahí para que los alumnos online vean toda el áula, pero el monitor es mejor que esté como segunda pantalla cerca del profesor, tal y como se muestra en este diagrama. 


Como ventaja, el profesor podría tener ahí otros recursos no visibles directamente para el resto de la clase. Y el único "pero" es que los alumnos presenciales no podrían ver directamente las preguntas del chat y el profesor tendría que comentarlos en voz alta; pero eso es algo que YA es necesario con el enfoque actual.

  • Adición de cascos al kit del docente para poder acceder a salas virtuales. De esta forma, el profesor puede dedicar parte del tiempo de los talleres para interactuar de manera más cómoda con los alumnos de cada sala virtual, sin molestar a los alumnos que se encuentran en el áula presencial. Esto tiene algunos desafíos higiénicos, que se podrían resolver con préstamos personalizados a los docentes o incluso que sea parte del kit anual (los docentes no necesitan EarPods, solo cascos que funcionen adecuadamente). 
  • Gestión sencilla de selección de micrófonos y altavoces desde las herramientas utilizadas. Aunque es un tema relativamente menor, para muchos profesores puede ser un problema tener que acceder a la configuración de cada herramienta de videocomunicación para cambiar la fuente de sonido o de microfonía cada vez que cambia de contexto. Las herramientas tendrían que permitir un enfoque más sencillo, del tipo "cambiar audio y vídeo a modo sala virtual" o "cambiar audio y vídeo a modo sala general".


¿Cuál sería una evolución incremental pero necesaria de estas clases híbridas? Mi propuesta sobre procesos

Asistente de docencia

Para empezar, veo muy necesaria la incorporación del rol de asistente de docencia (Teaching Assistant o TA) en estas clases, de manera general. Algunas instituciones ya lo proveen de manera habitual, pero la mayoría no. Obviamente esto tiene costes adicionales que las instituciones tienen que evaluar, pero permitiría un mayor control de la clase. El TA sería responsable, entre otras cosas, de:

  • Preparación de que la documentación se encuentre disponible para los alumnos.
  • Crear y gestionar el acceso a documentos de trabajo para los talleres. Por ejemplo, los documentos de Google Drive o Microsoft OneDrive que cada equipo de cada sala virtual va a utilizar. Además, proveer estos enlaces al docente para que durante esos talleres pueda ver el avance de cada equipo en tiempo real. Esto, por ejemplo, permite al docente decidir a qué sala virtual tiene más sentido ir en cada momento. 
  • Soporte en las salas virtuales. Ayuda en el avance de las salas virtuales. Mientras el docente se encuentra en una sala, el TA puede estar en otra facilitando su trabajo. 

El TA puede ser otro profesor, un perfil más junior o incluso un ex-alumno a quien le interese tener alguna experiencia docente remunerada. 

 

Menos contenido

Esto es difícil de aceptar desde muchos enfoques: marketing, costes, expectativas de los alumnos... pero lo cierto es que, al menos mientras los docentes, alumnos e infraestructuras no "cojan ritmo", será muy complicado mantener la misma profundida de contenido, al menos directamente. Mis primeras experiencias implican una reducción de entre un 20% y un 25% del contenido habitual. Aunque a continuación expondré una opción muy conocida y utilizada ya para minimizar esta reducción, creo que es necesario tenerlo en cuenta. 


La clase volteada

La clase volteada es un enfoque docente en el que el docente envía algunas tareas de lectura, visualización, escucha o análisis previamente a la asistencia a la clase. De esa forma, la clase se transforma en una discusión sobre los contenidos y análisis realizados, convirtiéndose en algo mucho más dinámico

Aunque la clase volteada puede utilizarse en cualquier momento y prácticamente en cualquier tipo de asignatura, mi propuesta tiene que ver más con la propia organización de las clases. Una clase online o híbrida es más dura psicológicamente para todos: alumnos presenciales, online y docentes. Las sesiones de 2, 3 o 4 horas requieren mucho más esfuerzo.

 En esos casos, considero que la solución no es AÑADIR el concepto de clase volteada, sino integrarlo en las horas de clase. 

Por ejemplo, si tenemos una sesión de cuatro horas, en la que habitualmente iríamos a clase a trabajar durante ese tiempo con los alumnos presenciales y online, esta se convertiría en tres acciones que sumarán cuatro horas, pero aplicando enfoques síncronos y asíncronos. Un ejemplo podría ser:

  1. Una hora de clase volteada. El docente prepara contenidos que le lleven a cada alumno aproximadamente ese tiempo. Habitualmente contaría con (1) una pequeña píldora de introducción por parte del docente; (2) contenidos, vídeos y audios de interés, producidos tanto por el docente como por terceros. Y (3) un test de auto-evaluación que permita al alumno saber si ha entendido los elementos fundamentales. 
  2. Otra hora asíncrona. Durante los días previos a la sesión presencial, se activa un foro u otro tipo de artefacto para que los alumnos puedan preguntar y resolver dudas concretas sobre la clase volteada. El profesor se involucra en aquellos casos en los que los alumnos no sean capaces de resolverlas por sí mismos o haga falta alguna matización.
  3. La sesión presencial, de dos horas en lugar de cuatro. Con resolución adicional de dudas, clases magistrales de temas avanzados que el docente prefiera explicar directamente, talleres, tests adicionales para validar  y discusiones. 

Repito que no hay ninguna limitación para que los docentes apliquen ya este tipo de metodología volteada, y estoy seguro de que muchos ya lo hacen. Pero el cambio este año ha sido tan dramático que creo que es importante dejarlo como recordatorio.


No sé si la hibridación ha llegado para quedarse... pero hay demasiada inversión como para que no ocurra

En un entorno post-COVID que esperemos llegue pronto, no puedo saber si volveremos a enfoques, sin duda más digitales y online, pero evitando estos enfoques híbridos. O si este curso de experiencia servirá para convertirlo en una opción más. O incluso la utilizada mayoritariamente. O si este enfoque será habitual para grandes instituciones que así no pierden volumen de estudiantes, mientras que las instituciones más pequeñas buscan enfoques online/presenciales con propuestas de valor diferentes. 

Pero los aprendizajes serán indudablemente útiles para lo que se plantee posteriormente. Y por ello espero que este artículo, más largo de lo habitual, pueda ayudar a seguir avanzando en estos desafiantes pero apasionantes actos que son los de enseñar y aprender.


Créditos

Photo by Element5 Digital on Unsplash

Iconos utilizados procedentes de The Noun Project:

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